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Nos encontramos en el año 745 de la Era de la Batida, en el continente de Grezalia, tierra de guerreros honorables, donde el hombre se conecta con la naturaleza al punto de poder controlarla a su antojo. El mal finalmente ha conseguido alzarse en Grezalia, Gellert el Patriarca ha caído prisionero bajo la espada de su propio hermano, Lucian, el nuevo Patriarca. Extrañamente el pueblo de Grezalia ha decidido aceptarlo como su soberano, especialmente luego de que éste anunciara la pronta celebración de la Batida y prometiera una sorpresa en la misma. ¿Logrará Lucian desafiar a Zeus e imponer que todo adepto de Grezalia aprenda a manejar los cinco poderes y así romper con el balance creado por la naturaleza o el bien volverá a gobernar y el orden permanecerá intacto? Es una pregunta que todo Grezialita se hace actualmente, sin embargo hay una interrogante aún más preocupante que ésta: La isla ya no es lo que era, no se puede ser neutral bajo estas circunstancias, así que todos deben elegir un bando... ¿Tienes claro cuál es el tuyo? ¿Serás un adepto fiel al nuevo patriarca o lucharás para que el hombre nombrado por Zeus vuelva a gobernar? El futuro de Grezalia está en tus manos, sólo debes decidir cuál es el futuro que deseas vivir. ¡Bienvenidos a Grezalia, tierra de guerreros honorables!



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Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

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Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Rhea de Galia el Lun Oct 22, 2012 10:45 am

- Marduk -


Había pasado poco más de un mes de que se marchara de su lado. Cincuenta días para ser más exacta. Kore, su querida amiga, le había dicho al regresar ella que no lo había visto, que no lo había cruzado allí donde ambos se dirigían. Marduk no había regresado del Inframundo y Rhea sentía que no tenía consuelo para su sufrimiento. Ya jamás lo volvería a ver, no encontraría de nuevo esa mirada o esa sonrisa. A pesar de lo mal que todo había terminado entre ellos él le había prometido que regresaría y hablarían nuevamente. La pelirroja se despertó nuevamente en su cama en Olimpo completamente empapada en sudor y con la garganta seca. Ese era su día libre y tenía pensado pasarlo en la cama durmiendo, sola, más una necesidad que no pudo entender la impulsó a levantar su trasero de allí, bañarse y marcharse a Galia, a su hermosa Galia. Rhea se hizo en el largo cabello de fuego una cola alta, despejándose el rostro, necesitaba ir al Molino del Tiempo, en donde el Prado Galen para ver si aquella zorra que estaba allí y había tenido cría o no. Había caminado dos horas hasta el Molino para encontrarse allí sola, no había rastro alguno de la zorra, de sus crías ni de ningún otro animal. Lo cual era raro, porque siempre los había, ella lo sabía mejor que nadie.

Rhea suspiró derrotada dejando que sus hombros cayeran un poco, perdiendo esa postura erguida y elegante suya, dejando que la tristeza hiciera mella en su cuerpo nuevamente. De repente se sentía muy cansada y estúpida, porque la verdad era que había soñado de nuevo con Marduk, había soñado que él estaba allí en el Molino esperándola, que se sentía perdido y que la necesitaba. Nada más onírico que eso, pues no conocía un hombre más independiente y autosuficiente que Marduk. Desde que él no estaba no hubo día en que Rhea no se dijera que tendría que haber ido con él, que no le tendría que haber permitido marcharse solo pues Marduk además de todo tenía una beta algo suicida. La galiana suspiró, apartando un mechón de cabello que se escapó de su peinado cayéndole sobre los ojos. Afuera el día estaba nublado, como si las nubes fueran de plomo, seguramente fuera a llover otra vez. Las viejas puertas del Molino chirriaron, alguien había entrado allí. Rhea se dio la vuelta para ver de quien se trataba, luego de que los Desterrados atacasen las cosas estaban realmente tensas por toda Grezalia. Al ver a aquel hombre se le secó la boca nuevamente.

- ¿Qu- qué...- intentó articular, sus ojos color cielo relampagueaban en su rostro de asombro, él no podía estar allí parado como si nada, con su apuesto y ligeramente desorientado rostro- Marduk..- susurró sintiendo que sus piernas eran de gelatina y que se desplomaría allí mismo si él daba un paso más siquiera en su dirección.
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Mensaje por Marduk el Lun Nov 05, 2012 8:33 pm

La transpiración pegaba la camisa de lino barato a la espalda del galiano, y su respiración agitada hablaba de unas pesadillas que pululaban en su mente. Pero lo peor de todo, era que el joven no sabía que habíoa soñado, sino que estaba seguro que un sueño blanco se había adueñado de las pocas horas que le había dedicado al descanso. Los párpados le pesaban, y su adolorido cuerpo se quejaba por cada mínimo movimiento. Hacían casi diez días desde que había despertado, en las afueras de la Isla de la Muerte, y aún no se sentía como él mismo.

Peor, no sabía quien era él.

La litera que sostenía su cuerpo crujió cuando él se levantó, y sus rodillas sonaron como ruedas de una carreta que había sido dejada bajo la lluvia por más de dos décadas. ¿Qué le estaba pasando? Se incorporó, y se dirigió al diminuto y comunal baño de la posada en la que estaba pasando ésos momentos, y se higiniezó lo suficiente como para no oler mal, al tiempo que se cambiaba el jubón y los pantalones. Llevar el cabello corto era una bendición porque requería el mínimo cuidado, y salió sin mirarse dos veces al espejo.

Afables saludos del posadero y su esposa llegaron a sus oídos, pero él simplemente movió una mano, y siguió caminando sin rumbo. Si bien era su aldea natal, sus huesos se lo decían, él no podía sentirse cómodo en las calles llenas de polvo, incluso no podía hallar bellos los floridos y colgantes balcones de las casas nobles. Algo turbio en su interior no le permitía observar la belleza del interior.

Y así, las horas transcurrieron en otro día tan igual a los demás. Sin saber quien éra, viviendo de recuerdos como si fueran retazos, y comprendiendo que quizá jamás volvería a ser el que antes era. Aunque, no podía sentir dolor por eso, dado que no podía extrañar algo que jamás conoció.

Metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón, y dotando su cuerpo de un extraño caminar encorvado, casi como si no quisiera que nadie lo viera, escondiéndose y escudándose a la vez, dirigió sus pasos sin saberlo al Molino del Tiempo. Sonrió amargamente antes de abrir las grandes puertas dobles, pensando que quizá hallaría la respuesta a su laguna mental.

¡Cuánta fue la sorpresa del galiano al ver a la criatura más perfecta de la creación observándolo fijamente! El fuego labraba las expresiones de porcelana de la joven, y un cuerpo que se antojaba una joya exótica, no eran ni la mitad de atractivos que ése par de grandes ojos azules como el cielo mismo.

La voz de la chica era una incitación al suicidio para el más virtuoso de los ruiseñores, pues jamás podrían competir con su tono. Pero, oh piadosos dioses, ¿eso era reconocimiento en ésos záfiros?

Dubitativo, avanzó unos pasos, y se quedó a pocos metros de ella, obnubilado en su belleza, pero queriendo mantener la compostura. Su mano ardía por pasarla en la mejilla de la chica, comprobar que era real, y no fruto de sus más pútridas ensoñaciones.

El moreno sonrió amargamente, y bajó la cabeza, un gesto gracioso teniendo en cuenta su altura y su ahora tan marcada torpeza, sonrosándose un poco, avergonzado ante una nueva epifanía. No sabía su propia identidad.

-Supongo...-tosió aclarando su garganta, de pronto llena de arena-...que ése es mi nombre, dulce dama-comentó retornando sus ojos a los de ella, el ónice de la tierra chocando con el cielo.


Última edición por Marduk el Mar Nov 06, 2012 8:52 pm, editado 1 vez
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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Rhea de Galia el Mar Nov 06, 2012 3:28 am

Lo tenía tan cerca que podía sentir hasta el aroma del jabón en su piel, la piedra vibraba bajo los pies de Rhea haciéndola sentir una niña aún más joven e inexperta de lo que era él era real y no una de sus imaginaciones pero algo estaba mal allí, algo no cuadraba en lo que ellos dos estaban acostumbrados, él parecía no recordar nada, como si fuera una tabla rasa andante. ¿Podría ser? ¡Claro! Tanto Marduk como Rhea tenían que agradecer a los dioses que no habían muerto en esa excursión imprudente suya. La pelirroja se acercó un paso más hasta él, estaban absurdamente cerca para solo estar mirándose por lo que Rhea cerró la distancia entre ellos lanzándole sus brazos al cuello y abrazándolo con todo su cuerpo con una desesperación casi infantil. La galiana no aguantó aquella mezcla de sentimientos y comenzó a llorar, Rhea era un alma demasiado tierna como para poder aguantar toda esa presión como si nada. Incluso sosteniéndole entre sus brazos ella aún no podía creer que él estuviera por fin allí de nuevo, más lágrimas se morían desde sus ojos hasta caer entre sus cuerpos, uniéndolos. La galiana intentó recuperar un poco la coherencia de todo ello y se apartó de él un poco, su mirada abrillantada de nuevo puesta en la de él.

- Claro que sí, eres Marduk de Galia, te has marchado hace cincuenta días hacia Inframundo en una misión personal que desconozco..- le explicó ella sintiendo que cada palabra le cerraba un poco más la garganta y le dificultaba el habla ¡Por todos los Dioses, había regresado!- No entiendo que pudo haberte pasado allí que no recuerdas nada de tu vida anterior, pero si lo necesitas puedo darte una mano, yo no te conocía tanto antes pero siempre podemos pedirle ayuda a Kore, la bella..- le ofreció con una sonrisa un poco avergonzada, descartando la ayuda de Athos de plano, eso no podría acabar bien- Yo soy Rhea, Rhea de Galia..- se presentó, tendiéndole su mano a la espera de que él la estrechara con la suya, algo muy formal. Rhea tenía que estar preparada para lo que se venía, para enseñarle todo de nuevo como si él fuera un crío, por suerte se notaba que él solo había perdido la memoria personal y no lo demás.

Una vez presentados volvieron a quedar en silencio observándose el uno al otro, una parte de ella echaba en falta al Marduk que antaño, que si bien había sido una mentira para ella todo el tiempo la había hecho reír, llorar, hablar, enojar y demás. Incluso ese Marduk le había dicho su verdad, pero este... era completamente diferente. Parecía un niño y no el hombre aguerrido y autosuficiente que ella había dejado marchar, ese sonrojo en sus mejillas y esa mirada casi avergonzada no eran un gesto típico del Marduk que ella había conocido ¿podría Rhea amar también a este nuevo Marduk o solo lo ayudaría a recuperar su memoria y luego lo dejaría marchar una vez más? No podía saberlo en este momento, cualquier respuesta que ella expresara no sería más que una mentira. Necesitaba asimilar y comprender todo este nuevo universo que se abría ante ellos.
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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Marduk el Mar Nov 06, 2012 8:50 pm

La presencia de la menuda pelirroja era tan impresionante que el joven se sintió completamente avasallado por ella, no de un mal modo, claro está, pero de una manera que no podía explicar. Como si todo el oxígeno girara en torno a ella, y él sólo pudiese observarla, aunque sea de lejos. Como obedeciendo al deseo que se estaba formando en sus pensamientos, la chica se acercó a él, con una mirada que hablaba de algo que él no podía entender. ¿Realmente él conocía a esta chica? Si así era, ¿por qué sentía tanta tristeza al verla a los ojos? Y esa opresión en el pecho, tan similar a la culpa.

De pronto, el cuerpo femenino se abalanzó sobre él, y sus brazos, actuando casi como galvanizados, se aferraron a la breve cintura de la joven, acoplando su musculatura a las suaves curvas. Un aroma a flores de algodón y limón llenó sus pulmones, y tuvo que cerrar los ojos con fuerza para no perderse en un mar de niebla de tristeza, tales eran las emociones que la chica parecía provocar en él. Sintió los espasmos del cuerpo de la chica, y supo que estaba llorando.

Cuando ella se separó, su mano, grande y áspera, se acercó a la mejilla de crema y pétalos para retirar sus lágrimas. Se sentía el peor individuo del mundo, ya se odiaba a sí mismo, y aún no podía recordar su color favorito. Aunque, ahora estaba seguro, ése sería áquel que tenían ésos ojos que lo miraban con una mezcla de felicidad y pavor. La lágrima se escurrió por sus largos dedos, y bajó la mano, sin saber si sonreír, o mantener su rostro en calma.

-¿Fui al Inframundo?-preguntó curioso, y sus piernas le pesaban ante las palabras de la chica de cabellos de fuego-¿No me conocías tanto? Eso no explica porqué...-pero calló, algo en él, le dijo que no debía decirle a la joven la tristeza que anidaba en su pecho, algo le impedía lastimarla más. Más de lo que quizá ya habia hecho-Kore...-murmuró con la mirada perdida, tratando de recordar algo relacionado a ése nombre, pero fue imposible. Apretó sus puños con impotencia, y un gruñido salió de sus labios.

Sus rodillas desistieron, y cayó al suelo, sin penas ni gloria, y observó a la chica que estaba de pie junto a él, mirándolo casi con devoción.

-Algo me dice que el Marduk que conocías no era tan inseguro como yo, y pido disculpas por eso, hermosa Rhea. Lamento las molestias que te he causado en este breve encuentro, y pido perdón por adelantado, ya que te pediré que seas mi guía. No te pido que me documentes la vida que llevaba antes, sino que me enseñes rasgos... cosas, todo lo que me hacía el Marduk que sé que quieres ver en mí-bajó la mirada, observando sus comidas uñas-Debo haberte lastimado demasiado en mi vida anterior como para que haya miedo en tu mirada pequeña-murmuró, pero sabía que ella podía escucharlo-¿Aceptarías ser mi guía en la niebla de mi mente?-interpeló a la chica con suavidad, palmeando el suelo junto a él, esperando que ella tomara asiento allí, donde el sitio parecía ser el ideal para rememorar todo lo que él perdió. Rhea de Galia quizá era su única esperanza.
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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Rhea de Galia el Mar Nov 06, 2012 9:22 pm

Contra todo lo que esperaba Marduk la correspondió, anudando sus propios brazos en torno a su pequeña cintura de abeja haciéndole sentir a la galiana todo su cuerpo contra el suyo, causando que más lágrimas acudieran a sus ojos, cuando se hubieron separado Marduk capturó con sus callosos dedos cada una de sus lágrimas, reconfortándole ligeramente con ese toque tan gentil suyo, recordaba que eso lo había hecho en antaño una vez, mucho antes que la debacle se iniciara entre ellos al él develarle toda la verdad. Rhea suspiró en silencio, escuchando sus pseudo monosílabos iniciales, ni siquiera él parecía saber por donde quería iniciar a preguntarle y Rhea pudo sentir que su corazón se rompía al verlo sentarse en el piso, con ese aspecto tan derrotado ¿dónde estaba su Marduk? ¿en qué rincón de este muchacho había quedado? Más sin embargo no pudo evitar sonreírle con dulzura cuando él le habló y le pidió su ayuda, incluso así lo amaba, lo amaba de una forma que dolía en el alma al no tenerlo. Rhea se sentó en el piso a su lado y poniendo sus pálidas manos en sus hombros recostó su cabeza en su regazo antes de comenzar a hablar.

- Tu eras inseparable con Arawn de Galia, otro galiano que ha desaparecido, incluso cuando podías recordar él ya se había marchado porque ambos discutieron por mi culpa..- comenzó ella, hablando mientras sus dedos de terciopelo le acariciaban dulcemente el cabello a Marduk. Le diría todo lo que sabía de él, tanto lo bueno como lo malo- Arawn te convenció para que te acercaras a mi y me sedujeras, ustedes pretendían mi don con la Tierra para ayudar a la oscuridad.. tu comenzaste a acercarte a mi por ello e hiciste que yo me enamorara perdidamente de ti pero te arrepentiste de tu plan y me confesaste tus antiguas intenciones antes de marcharte hacia el Inframundo. Kore , la Bella, quien es una amiga cercana tuya, sabía cual era tu objetivo allí pero por lealtad a ti nunca pudo decírmelo..- fue cambiando de tema al sentir como los ojos se le llenaban de perlas nuevamente, no quería seguir llorando pero no podía evitarlo tampoco- Antes de partir me prometiste volver para que ambos tuvieramos una nueva charla luego de que pasara algo de tiempo, pero con el correr de los días comencé a perder las esperanzas de que regresaras, no te temo a ti Marduk de Galia, pues me has demostrado que ni en las peores situaciones me lastimarías, sino que temo volver a perderte..- confesó, sintiendo sus mejillas arder.

Rhea continuó hablando, tuvo que contarle de sus horribles vicios y de la fama de mocoso pendenciero y busca pleitos que tenía, de lo mal que se llevaba con Athos y lo bueno que era en el combate y en elemento. Le habló acerca de la casita que él tenía en las afueras de la Villa de Galia, allí donde moraban todos los galianos fuera de la zona comercial. Los dedos de Rhea eran como una canción de cuna, ella los deslizaba suave por las facciones de Marduk acariciándole los párpados, los pómulos pero no podía evitar detenerse a veces en los labios al recordar su sabor y su calidez. Ahora le tocaba el final de su lección de ese día: hablarle del Marduk que él había sido antaño, el Marduk que para bien o para mal tenía su corazón en sus manos.

- Tu, a pesar de todo, siempre has demostrado tener corazón, me lo dejaste ver, pude ver que no eres malo como querías aparentar, sino que te sentías muy solo y atormentado y que por eso te sentías excluido. Eres un hombre valiente, aguerrido, muy mujeriego también..- dicho esto arrugo un poco el entrecejo sin poder evitarlo- eres un gran espadachín pero no se te da nada bien el arco y la flecha, jamás has tenido problemas con el combate cuerpo a cuerpo y no eres un buen bailarían..- rió brevemente Rhea al recordar una vez que lo habían intentado- tampoco te gustan las ninfas desde que una te mordió el dedo- le explicó tomando entre sus manos su dedo índice derecho y dejando allí un beso amable, como el de una madre a un niño que se ha lastimado. Luego de haber hablado tanto de lo que él había sido ella no se dio cuenta que mientras hablaba todas esas lágrimas que había intentado ocultar valientemente se habían derramado lentamente de sus ojos hasta caer por su mentón sobre la ropa de Marduk quien guardaba un inquietante silencio.
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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Marduk el Miér Nov 14, 2012 8:37 pm

Algo similar a la vergüenza anidaba en el pecho del muchacho, y si bien desconocía el origen de tal sentimiento podía comprender porqué se sentía así en ese preciso instante. Allí estaba, frente a una jovencita de su pasado, alguien que claramente era importante en su vida, y se preguntaba cómo era él en la mente de ella. Díficilmente, esa sombra que caminaba antes que él en sus zapatos, era el equivalente a lo que él era ahora. Algo le decía que la imagen que la pelirroja tenía en su memoria de él, distaba muchisimo de aquella persona que había vuelto del Inframundo.

Su cuerpo se acomodó al delgado regazo de la chica, y supo, que no era la primera vez que compartían un momento tan íntimo. ¿Acaso Rhea era más que una simple amiga para su yo pasado? Un tímido y casi casto cosquilleo nació en el cuero cabelludo del joven hacia todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo al sentir las juveniles manos acariciarlo. Las caricias eran tan familiares que a Marduk no le cabió la menor duda de que Rhea era demasiado cercana a él.

Escuchando su relato, hizo que sus entrañas se encogieran, porque comprendía lo que estaba llegando a sus oídos, y una terrible certeza agudizó el dolor detrás de sus ojos. Las palabras de la joven, parecían recitadas de un libro de cuentos, y no la historia de vida de la persona que él había sido.

Cerrando los ojos con dificultad, procesó toda la información que Rhea le daba, y relamió sus labios, buscando las palabras.

-¿Sigues enamorada de mí?-se aclaró la garganta, algo azorado por lo directo de su interpelación, surgida de la más pura curiosidad-Bueno, no de mí, mí, sino del chico que antes era-suspiró-Es complicado incluso para mí-comentó resignado.

Incorporándose del regazo de ella, se sentó en la pose del escriba, y llevó ambas manos a sus sienes. Una migraña fortísima anidaba entre sus neuronas, y un zumbido en sus oídos le impedía pensar. Un cálido goteo en su mentón lo hizo llevar una mano allí y sus dedos salieron teñidos de rojo. Su nariz sangraba con potencia. A pesar de éso, se halló a sí mismo sonriendo.

-No estoy loco, tranquila, es sólo que creo que... es demasiado por un día hermosa Rhea-pasó el dorso de su mano por su nariz, pero seguía sangrando a borbotones, inútil era querer aspirarla, pero el dolor de cabeza parecía menguar-Ojalá pudiera volver a ser áquel de quien hablas con tanto cariño, pero me temo que no será sencillo-se encogió de hombros y bajó la cabeza, dejando que la sangre manchara los impolutos pisos del Molino-Quizá esta sea mi segunda oportunidad, para hacer las cosas bien, empezando por tí-comentó, alzando la mirada hacia ella, y la frase que lo embrujaba desde que recuperó la conciencia, se formó en su mente.

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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Rhea de Galia el Lun Nov 19, 2012 8:21 am

No se esperaba esa pregunta, en ninguna circunstancia, mucho menos en esa. Los enormes ojos celestes de Rhea se abrieron de par en par, pestañeando ella repetidamente como si no hubiera comprendido o como si se le hubiera metido una basurita en el ojo. No quería responder eso, no se sentía fuerte como para decirlo así sin más y tampoco hubo necesidad de que lo hiciera pues Marduk comenzó a sangrar por la nariz profusamente haciendo que la pelirroja palideciera más sus manos se movieron tomando de su bolsillo un pañuelo blanco que en antaño él le había dado antes de partir. Rhea apoyó una de sus manos en la mejilla de Marduk y el pañuelo bajo su nariz para que fuera deteniendo la hemorragia lentamente, evitando que él se ensuciara con su sangre. Una sonrisa dulce se formó en los rosados labios de la galiana al escucharlo hablar de esa manera, como si ella de verdad le importara.

- Creo que sí, ha sido demasiado por hoy, ¿quieres que te acompañe hasta la que fuera alguna vez tu casa? Con Kore nos hemos encargado de que durante tu ausencia estuviera limpia y ventilada..- le dijo ella, con ese tono carmín tan característico en sus mejillas de porcelana. Rhea dejó que él mismo se sostuviera el pañuelo y le tendió su mano, esperando que él aceptara ese gesto- No queda muy lejos de aquí, lo que sí tendremos que pasar por el mercado porque no hay comida, no sabíamos cuando regresarías y no queríamos que nada se echase a perder..- explicó, mirando hacia abajo, como si arreglarse la falda fuera tan importante en ese momento, lo cierto es que Rhea no podía dejar de pensar en esa maldita pregunta que él le hiciera sobre si aún lo amaba.- O puedo dejarte aquí y que hagas lo que quieras, no soy tu madre ni nadie para decirte que hacer, lamento ser tan entrometida..- dijo de repente, de manera rápida y torpe. Rhea no tenía lazo alguno con él como para hacer aquello por lo que dio dos pasos atrás para dejarle hacer lo que le pareciera mejor, de nuevo sintiendo sus mejillas enrojecidas.

La galiana se retorció las manos suavemente, de manera nerviosa sintiéndose en ese momento muy fuera de lugar y cohibida. Sus ojos de zafiro brillaban tenuemente en la semi oscuridad del molino al haber sido el sol tapado por una nube. Rhea levantó la mirada hacia aquella ventana, perdiéndose por un momento en aquello hasta que la nube se hubo apartado y el sol la bañó por completo arrancándole destellos de luz a su rojizo cabello.
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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Marduk el Jue Nov 22, 2012 10:48 pm

El joven de ojos marrones tomó el pañuelo que la pelirroja le ofrecía, y notó un delicado aroma a fresias en flor al ponerlo debajo de su sangrante nariz. La tímida sonrisa que ella le ofrecía parecía un bálsamo, el remedio ideal para el mal que ahora lo acongojaba. ¿Tanta luz iba a irradiar esta pequeña? O quizá, él era tan oscuro, que resabios de ésos tiempos, donde de verdad era Marduk de Galia, se sentían invadidos por la luminosidad de Rhea y su noble corazón. No se imaginaba como alguien malévolo, pero una diminuta vibración en su interior, como cuando una cuerda de un banjo era pulsada, se había activado en reconocimiento del relato de Rhea. Solamente un ser bajo, y pérfido habría tratado de hacerle mal a una chica como la que tenía enfrente. Ni hablar de seducirla, con otro fin que no fuera convertirla en una diosa personal.

Tragando un poco de su propia sangre, apretó el pañuelo contra su tabique, al tiempo que entrelazaba los dedos de la chica con los suyos. Un contacto breve, pero cargado de una tensión que Marduk no podía ignorar. De pronto, quiso besarla. Pero algo en él, la voz de su conciencia quizá, le dijo que sería demasiado shock para la chica. Seguramente, la había besado en el tiempo que conservaba su memoria. Se preguntó que tan cruel debía ser el destino para haberle quitado la dicha del recuerdo de tales labios.

-Sí, vamos, quizá sea mejor para mí ver un sitio familiar, ya sabes, tal vez fomente el regreso de mis recuerdos-dijo suspirando y retirando el pañuelo, al notar que su nariz ya no se sentía húmeda-Kore... me gustaría verla a ella también, aunque presiento que será otro encuentro difícil. Parece que en mi pasado no hice otra cosa que lastimar galianas-trató de bromear infructuosamente, pero aún así sonrío-No eres entrometida, eres lo mejor que me pasó desde que desperté, y eso es mucho decir desde que descubrí el uso del cepillo de dientes-seguía intentándolo, quería ver a Rhea sonreír, y sabía que en algún lado, esa capacidad estaba ahí, dentro de él.

-Eres hermosa Rhea de Galia-murmuró perdido en la imagen que el astro solar le regalaba, al bañar a la jovencita, y resaltar los colores que la rodeaban, iluminándola con un halo de inocencia y pureza que incrementaban el deseo de besarla. Se acercó a ella, y pasó una mano por su mejilla-Tan hermosa que duele-finalizó, para luego alejarse un poco, pero no demasiado, temeroso de haber ofendido a la chica, o invadido su espacio personal.
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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

Mensaje por Rhea de Galia el Vie Dic 28, 2012 10:11 am

Esas palabras, esas simples palabras la hicieron sonrojar poniendo sus mejillas aún más a tono con su cabello de fuego. Había esperado tanto tiempo para oír aquellas palabras de Marduk y ahora que él lo decía no tenía ni idea de quien era ella o que significaba en su vida. ¿Por qué, queridos Dioses? Rhea sintió que le era imposible respirar, que no tenía capacidad para que el aire ingresara a sus pulmones ni hablar del tacto de esos dedos callosos en su mejilla y que él le dijera lo hermosa que la encontraba. Cuando Marduk volvió a poner dos pasos de distancia entre ellos Rhea no pudo más que seguir un impulso y volver a cerrar esa distancia entre ellos apoyando su frente en el pecho de su camisa y quedándose allí en silencio por unos minutos.

- Kore y yo te queremos mucho, a ninguna nos has lastimado, pero sí te hemos echado mucho de menos, Marduk..- su voz apenas un murmullo en aquel sitio polvoriento y sin embargo el escenario ideal para reencontrarse- Sólo que no quiero que vuelvas a marcharte, y menos si ambos estamos enojados..- musitó enredando sus brazos a la cintura de él, abrazándolo como había añorado tantas noches mientras él estuviera donde Inframundo, perdiendo su memoria y todo lo que a ella lo acercaba. Rhea suspiró al sentir la mano de Marduk en su mejilla y el tacto de esos dedos callosos y masculinos que tan bien conocía acariciándola. Ese hombre hacía que todas sus defensas temblaran bajo su encanto, no sabía resistirse a él. Jamás podría.

El castaño se volvió a apartar de ella, casi a regañadientes, más ella no se lo permitió, por un momento Rhea desconectó su cerebro y se volvió a acercar a Marduk para sostener su mano en la suya, entrelazando sus dedos con los de él antes de ponerse en puntitas de pie para que sus labios pudieran alcanzar su mandíbula y dejarle un beso allí, permitiendo a sus labios recorrerlo con suavidad, llenando su piel de sus caricias. Rhea se quedó quieta al alcanzar la altura de los labios de su castaño, respirando cerca de ellos, resisitiendo como mejor podía la tentación de arrancarle un beso como la última vez que se habían encontrado.
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Rhea de Galia


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Re: Ya no me acuerdo, si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos -

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