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Nos encontramos en el año 745 de la Era de la Batida, en el continente de Grezalia, tierra de guerreros honorables, donde el hombre se conecta con la naturaleza al punto de poder controlarla a su antojo. El mal finalmente ha conseguido alzarse en Grezalia, Gellert el Patriarca ha caído prisionero bajo la espada de su propio hermano, Lucian, el nuevo Patriarca. Extrañamente el pueblo de Grezalia ha decidido aceptarlo como su soberano, especialmente luego de que éste anunciara la pronta celebración de la Batida y prometiera una sorpresa en la misma. ¿Logrará Lucian desafiar a Zeus e imponer que todo adepto de Grezalia aprenda a manejar los cinco poderes y así romper con el balance creado por la naturaleza o el bien volverá a gobernar y el orden permanecerá intacto? Es una pregunta que todo Grezialita se hace actualmente, sin embargo hay una interrogante aún más preocupante que ésta: La isla ya no es lo que era, no se puede ser neutral bajo estas circunstancias, así que todos deben elegir un bando... ¿Tienes claro cuál es el tuyo? ¿Serás un adepto fiel al nuevo patriarca o lucharás para que el hombre nombrado por Zeus vuelva a gobernar? El futuro de Grezalia está en tus manos, sólo debes decidir cuál es el futuro que deseas vivir. ¡Bienvenidos a Grezalia, tierra de guerreros honorables!



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Dreams of mirrors -privado-

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Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Torek el Vie Ago 24, 2012 11:20 am

Desde aquel día en Hydronia las cosas habían cambiado para mi, no solamente porque me había entregado a sentimientos que antes no había sentido por ninguna chica, sino porque también me gustaba este cambio en mis planes más perversos. Mi vida ya no giraba en torno a mis ideales como siempre lo habían hecho, sino que ahora, además, tenía alguien por quien luchar. No era que me faltara por quien luchar antes, lo hacía por mi hermano, pero no iba a cuidar de su espalda por siempre, ahora ya tenía la edad suficiente como para tomar sus propias decisiones, cometer sus propios errores y no me necesitaba encima de él para decirle como hacer su vida. Aunque todo el concepto de una relación era algo que a mi todavía me faltaba comprender, siendo que nunca estuve en una propiamente tal. He estado con mujeres, desde mis años en el Olimpo, sin embargo nunca tuve preocupación por ninguna de ellas ni un amplio deseo de que se mantuvieran a mi lado, más bien era una cosa netamente sexual y así me gustaba mantenerlo.

Aquel día no había sido así y desde el primer momento dejé en claro que quería seguir viéndola pues curiosamente sentía la necesidad de ello. Al ella admitir lo mismo hicimos un acuerdo no verbal que se había mantenido durante los días siguientes de vernos por un par de horas. Ni ella, ni yo, teníamos el tiempo suficiente como para gastar en un nosotros así que esto nos iba bien a ambos. En pocos días habría una fiesta y era probable que en ese momento no la viera para nada, así que en mi mente deseaba aprovechar cada minuto que la tuviera entre mis brazos, a pesar de que sabía o tenía la convicción de que no sería la ultima vez. La esperaba en una calle cerca del agua, para que ella se transportara directamente desde el Olimpo aquí, donde yo estaba. Vestía del mismo tipo de ropa que he vestido desde el día que me conoció y una capa sobre todo encima con la capucha puesta dejando mi cara en sombras, el cual me daba un aspecto misterioso. Me apoyé, al llegar, en una pared de alguna casa poco adornada, tratando de no resaltar del paisaje general. La visión era la misma que había repetido hace dos días ya, para quien me hubiera visto, pero estaba seguro que nadie tenía su atención puesta en mi. Unos pasos más allá se encontraba la taberna donde por primera vez cruzamos palabras y que se había convertido en el lugar de reencuentro para nosotros dos. Claro, que estas veces sin ninguna pelea de por medio.

Miré una vez más hacia las tenues agua del pequeño río que atravesaban aquella calle, como si le perteneciera el paso. Desvié mi mirada al cielo, que hace menos de una hora se había oscurecido, permitiéndome salir con total confianza a las calles de Iluminia. La noche estaba fresca y las voces de los comensales entrando a la taberna me hacia pensar que sería una noche de bastante gente. Aunque el entorno no era lo que me preocupara en estos momentos, sino ver a aquella morena de ojos azules que hacía que por un momento en mi vida me olvidara de quien yo era y de los ideales que tenía que proteger. Y parecía más bien un sueño el que estaba viviendo ahora que una realidad, aunque el sueño fuese mucho más real que todo en este preciso momento. Porque cuando la miraba no podía evitar pensar en que había algo demasiado familiar en ella, como si la hubiera conocido antes, pero ni siquiera podía recordar haberla visto en el Olimpo.

Spoiler:

off: Un tema de fondo xD
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Natasha Ridelf el Dom Ago 26, 2012 4:59 pm

Mi reflejo en el espejo de bronce era casi desconocido para mí. Una hermosisíma muchacha de ojos azules y cabello negro como las alas de un cuervo me miraba desde su rubor casi virginal, causado por pensamientos no muy castos acerca de un moreno que me estaba esperando para fundirme en él nuevamente. Aún no habíamos hecho el amor, pero siempre estabámos a punto. Una caricia más, y lo dejaría hundirse en mí sin dudas. Lo deseaba demasiado, y dudaba mucho poder seguir aguantando no tenerlo debajo de mi piel.

Acomodé las suaves ondas de mi pelo para que cayeran delicadamente sobre mis desnudos hombros, dejados a la vista por una túnica de color turquesa apagado, que ajustaba a mi cadera con un cinturón de pedrería de aguas marinas. Todo en mi gritaba adepta de hydrónia, nada decía "Elegida", y mejor así, porque odiaría perder la belleza de lo que tenía con Aelis, eso nunca. No necesitaba ver una adoración casi servil en los ojos del hombre que tanto quería. Si, lo quería y mucho, cada beso me daba más la razón, y cada roce me dejaba cerca del abismo. Estaba perdiendo la razón, y no me importaba. Estaba ganado algo muy parecido a una relación sentimental y nada ni nadie me quitaría eso.

Las grezialitas no usaban maquillaje, y yo no tenía nada para remarcar más mis ojos, profundizar mi mirada, o hacer brillar a mis labios apeteciblemente. Me sentía casi descubierta sin él, pero Aelis no me había visto de otra manera en nuestros últimos encuentros furtivos, así que supuse que no habría problema. Mi único accesorio era el cinturón, ya que no quería estar muy llamativa para salir a verlo, después de todo, estabámos en las sombras, y debíamos mantenernos así. Estaba escapando del Olimpo para encontrarme con un hombre, y dudaba mucho que eso quedara bien, pero poco me importaba. Era un hombre que de a poco estaba siendo mío, y no había pared de mármol alguna que mantuviese mi cuerpo alejado de él, ya que mis sueños estaban impregnados de todo él.

Me puse de pie, y tomé mi capa azul oscuro, para echarme la capucha sobre mi rostro. Puse mi mente en blanco, y traté de apaciguar mi corazón que galopaba por la anticipación del encuentro. Deshaciendo mi cuerpo en diminutas moléculas de agua, expandiendo ese bendito setenta y cinco de dicho elemento en mi organismo, me mentalicé en aquel calle donde sabía que él me estaría esperando. Un torbellino húmedo me envolvió, y cuando me sentí corporéa nuevamente, supe que había llegado.

Me arrebujé en mi capa, y el aroma a flores de azahar de limón que curiosamente me acompañaba desde que había llegado a Grezalia inundó mis sentidos, casi embotados por el conocimiento de que vería a Aelis nuevamente. Cada vez que lo veía me convencía más de que me estaba enamorando de él, y no podía permitirlo. No dejaría que él lo supiera, viviría mi amor sola, cegada por sus besos, y sus caricias, pero Aelis jamás tendría que saber que esta idiota humana soñaba con él, y respiraba su nombre.

Vi la encapuchada figura entre las sombras, adusta y apoyada contra la pared, y mi corazón se salteó un latigo. Era él, me estaba esperando. Apuré mi paso, y el sonido que hacían mis sandalias quedó eclipsado por el barullo de la taberna cercana, aquella taberna en la que habíamos comenzado a conocernos, para conocer más a nuestros cuerpos que a nuestras identidades. Con una confianza casi impropia, llegué a su lado, y lo abracé despacio, acomodando mis curvas a su cuerpo, pasando las manos por sus brazos, y asomándome por debajo de mi capucha, mis ojos buscando los suyos, mis labios necesitando su néctar. Depositando un suave beso, sonreí abiertamente.

-Hola Aelis-susurré, sabiendo que él me escucharía a la perfección. Finalmente, estaba de nuevo con él, mi pequeña droga diaria. Ya iban dos días desde que nos comenzamos a citar a escondidas, queriéndonos en las sombras, descubriendo cosas nuevas de nuestras pieles, siempre jugando al borde del abismo del deseo-¿Hace mucho que esperas?-interpelé, aún entre murmullos, pero apoyando mi cabeza en el hueco entre su hombro y su cuello, respirando su almizclado aroma a hombre, y dandóme cuenta que podría estar así hasta que ese tal Chronos me lo permitiese. De a poco, me daba cuenta cuán hondo había calado en mí este moreno. De a poco, quería más de él, y estaba dispuesta a darle todo.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Torek el Lun Ago 27, 2012 9:52 am

Suspiré una vez moviendo uno de mis pies de manera descuidada derramando la tierra por allí, estaba ansioso y no era un sentimiento que yo supiera controlar. Esta chica me hacía dudar de mi propia personalidad y me hacía descubrir partes de mi mismo que estaban con anterioridad ocultas en capas de desinterés y agresividad. Pero cuando la miraba no había espacio en mi para el antiguo Torek, esos ojos azules tan profundos y con tanta historia que contar, aquellos labios que yo no podía dejar de besar o tocar, y que por primera vez sentía míos cuando pertenecían a otro cuerpo. Los pasos me desconcentraban y me hacían pensar que se dirigían a mi cuando solamente se dirigían a la taberna, incluso algunas figuras femeninas me hacían dudar y tratar de mirar con profundidad y por debajo de aquellas para ver si encontraba a Tasha ahí, pero ninguna parecía ser ella. No tenían su gracia para caminar ni su cuerpo que aun debajo de la capa yo podía verlo bien después de que mis manos se aventuraran tocando más de lo que debería. Ella aun no me decía que si y el deseo me perturbaba poco a poco, estaba además seguro que eso influía mucho en que mis sentimientos por ella creciera exponencialmente a los segundos que la miraba, aunque también estaba bastante seguro que no me bastaría con solo una vez.

Ni siquiera noté cuando la morena se me acercó y me rodeó rápidamente con sus brazos, por un momento perdí toda la noción del tiempo y espacio y rodee su cintura con mis manos respondiendo apenas su tan suave beso que me dejó con muchas ganas de obtener más de donde ese había venido. Su saludo, odiaba ese saludo, odiaba ese nombre. Una mentira de mierda que de no haber sido dicha no me hubiera permitido siquiera conocerla, menos volver a encontrármela en Hydrónia y mucho menos ahora tenerla así entre mis brazos. Sin embargo no permití que ella se diera cuenta de lo mucho que odiaba que me llamara por ese nombre falso, mantuve mi rostro impasible y con una especie de sonrisa asomándose en mis labios al sentirla en mis brazos otra vez. Agaché la cabeza besándola esta vez yo a ella, haciendo de mi beso algo más largo y al mismo tiempo dejandole sentir todo el deseo que sentía por ella. Me separé sin muchas ganas permitiendo adoptar la posición aquella con su rostro en mi cuello que me parecía más que tentadora. Sus susurros era todo lo que podía oír, porque cuando estaba con ella todo lo demás parecía desaparecer y mi atención era completamente de ella. Negué muy levemente como para no perturbar la posición en la que nos encontrábamos -apenas he llegado hace un rato- cochina mentira, yo había llegado hace mucho tiempo, pero ella no tenía porque saber que yo estaba loco por verla.

Me separé de ella para agarrarla por la cintura y ponerla a ella contra la pared, pegada a la pared y sin esperanzas de salir puesto que yo cubría cualquier recoveco que quedara libre. Me acerqué a sus labios y jugué a besarlos apenas separándome cada dos por tres sin permitir que se intensificara más de lo que debería. Pero al poco tiempo caí yo mismo en mi propio juego negándome a soltar sus labios por ningún motivo y pegándome a su piel en aquella pared oscura de la calle donde nadie distinguía más que una masa fusionada entre respiración entrecortada y un calor superior a la temperatura ambiente. Me obligué a recuperar la cordura lentamente y considerando que ya no quería hacérselo en cualquier lugar, por alguna razón mi corazón convenció a mi mente de que la primera vez que la tuviera sería en un lugar acogedor, donde pudiéramos estar a gusto y completamente solos. -Deberíamos entrar o nos quitaran nuestra mesa- dije al separarme, tomando su mano y obligandola a seguirme dentro del local. Aquí al menos podía tener algo de control con tanto ebrio y ese olor a alcohol mezclado con aire viciado. Nuestra mesa, no era más que una banca roñosa ubicada al lado de una ventana en un rincón de la taberna, una mesa pequeña la acompañaba y se convertía en el lugar perfecto para una pareja que buscaba algo de intimidad. Me servía muy bien a mi, el primer día que nos citamos aquí, nos sentamos cerca del centro y casi no soporté las miradas de lujuria que mi bella acompañante recibió, sino hubiera sido por ella y su completa atención en mi, habría sacado mi espada y enfrentado a todos los hombres que habían. Al llegar al lugar planeado permití que ella pasará a sentarse al rincón, quedándome yo a la orilla.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Natasha Ridelf el Lun Ago 27, 2012 8:39 pm

Una sonrisa jugueteó en las comisuras de Aelis, y sentí un ya conocido temblor en mis rodillas, algo a lo que ya estaba acostumbrada a percibir gracias a él. Millones de nuevos aspectos de mi misma se desplegaban ante mis ojos como las plumas de un pavo real. Veía fragmentos de lo que fui, de lo que estaba siendo y de lo que podría ser de la mano de este hombre. De mi Aelis. Su beso fue más profundo en respuesta al mío, y sentí su deseo fuertemente apretado contra mi cadera, y jadeé esperando que él no lo notase. ¿Cuánto más iba a soportar sin entregarme a él? Si, no sabía nada de Aelis, cosa que me atormentaba noche tras noche, pero la conexión estaba ahí, ninguno de los dos podía negarla, y notaba que a él tampoco le importaba mucho quién fui en esta vida, ya que las noches en esta taberna, las pasabámos hablando de sueños, de esperanzas truncas, y con mucha reticencia, de algún extraño futuro que ninguno de los dos se atrevía a siquiera pensar; para luego perdernos en un mar de besos y abrazos. Las horas pasaban volando a su lado, y estuve varias veces a punto de ser vista por los guardias del Olimpo, pero me las ingenié para que me ignorasen.

Distraída por el movimiento suave de sus oscuros cabellos al negar con su cabeza, posé una mano en su nuca, y me dediqué a hacer tímidos circulitos con mis dedos allí, intimando de una manera más, y memorizando la suave piel que unía su cuello con su espalda. Una vez más en esta noche, Aelis supo dejarme sin aliento, presionando mi cuerpo contra la pared detrás de nosotros, y apoyándose él mismo sobre mí. Sentí su masculino cuerpo pugnar contra el mío, y partes de mi figura se vieron bajo un hechizo para nada casto, al sentir el calor de su piel. El deseo fluía en mis venas como petróleo hirviendo, y entendí lo que tanto tiempo me estuve negando. Así era como debía sentirse una mujer respecto a un hombre, en pleno uso de su conciencia. Acomodé mis delgadas piernas a su alrededor, como haciéndole más lugar para que estuviera contra mí, y casi sucumbo a mis pies cuando lo sentí retirarse, y busqué sus ojos. En ellos hallé un cálido afecto que me dió ganas de llorar, y comprendí que estaba respetando mis deseos de hacer el amor en el momento justo.

Ante su indicación, seguí sus pasos, siendo muy conciente de nuestros dedos entrelazados, mi suave piel en contraste con la endurecida suya. Adentrándonos en las profundidades de la taberna, fuimos hasta casi el fondo, a nuestra mesa de siempre. Luego de la primera noche, había tomado el recaudo de cubrirme con una capa, no quería incovenientes con los demás hombres. La densa nube de tabaco, y el aroma a alcohol impregnaban el aire, pero tenía una sonrisa en mi rostro en cuanto me deslicé para pegar mi cuerpo casi a la pared, dejando a Aelis en la orilla. Ya casi oculta de los demás por las sombras, y sólo visible a él, me quité la capa y dejé a la vista mi túnica, y mi cabello flotó libre fuera de la capucha. Quería que viera con esa actitud, que tan sólo me mostraba cúan bella era a sus ojos.

Volví a entrelazar nuestros dedos, y le sonreí ampliamente. Sendos vasos con hidromiel hasta el borde se posaron frente a nosotros, cuando la voluptuosa camarera los dejó en nuestra mesa, ya que alguien había pedido una ronda para todo el bar, quién sabe porqué. Pero eran gratis, y no había nada mejor como el alcohol que te cae como del cielo. Alcé el mío, y lo puse en dirección a Aelis, con esperanza de brindar.

-Vamos, brindemos por esta noche, una como muchas pero especial, porque es una más que estamos juntos, y principalmente, por el hidromiel regalado-comenté y ladeé la cabeza, ensanchando mi sonrisa. Si él leía entre líneas, era claro que todas las noches que pasase en su compañía serían un regalo para mí. Un abanico de posibilidades se me abría al perderme en sus piscinas de hielo negro, ésas que me miraban con tanta atención.Estaba segura que mis ojos estaban chispeando, con una luz más intensa que las estrellas. Tal magia producía en mi este hombre. Estaba perdida, y ya era tarde para darme cuenta.

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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Torek el Mar Ago 28, 2012 8:51 am

No me equivoqué en un principio a sospechar que la taberna se encontraba atiborrada de gente, había un grupito algo especial que se las daba de cantores, y pude reconocer un viejo cántico del norte en sus agrias y roncas voces. Salemitas y sus historias de fuego, hombres fuertes por naturaleza y con un poder de resistencia mayor que el de cualquier otro, siendo que las condiciones ambientales les jugaban en contra en sus más jóvenes años. Apenas nos habíamos sentado cuando depositaron dos jarras de hidromiel a nuestra disposición y a pesar de que ni siquiera preguntamos por que, nos explicaron que uno de aquellos cantores se había puesto generoso “ya lo quiero ver mañana” medité mientras le daba una rápida mirada al grupo preguntándome desde que horas que estarían aquí bebiendo y cual sería el más ebrio de todos. Hasta que una mano se unió a la mía y de pronto todo lo que me rodeaba dejó de tener la misma importancia. Nuestros dedos se entrelazaron como si supieran que pertenecían el uno al otro mientras el roce de su piel suave me hacía pensar que las mías tendrían un toque más duro y poco agradable. Sin duda una mujer de Hydrónia. Deposité un suave beso en esa piel, quizás se notara como un gesto romántico, más para mi era el deseo de besarla entera lo que más me motivaba, mis pensamientos no eran puros ni castos.

Agarré la jarra con mi mano libre y sonreí puesto que jugaba con sentimientos profundos y un toque de broma que nos libraba de la seriedad del asunto. Acepté el brindis chocando mi jarra contra la de ella y bebiendo un buen trago que me endulzaba la garganta de inmediato. En mis pensamientos la verdadera razón por la que brindaba sería ella, haber tenido la suerte de conocerla, y estaba seguro que esto que sentía no tenía ningún otro nombre además de amor. Si, me estaba enamorando de esta mujer y había decidido no impedirlo y hacer que durara lo más que pudiera, siendo que no tenía muchas esperanzas de mantenerlo si había empezado a hablarle con una mentira. A pesar de que yo era esencialmente callado, una razón para serlo aun más era que de hablarle de mí, no podría contarle que hice en los pasados sesenta años que estuve en el inframundo exiliado. Tendría que seguir mintiéndole y el prospecto no me emocionaba demasiado. Es por eso que no me interesaba en su vida ni lo que había vivido, ni siquiera le preguntaba porque era que estaba viviendo en el Olimpo en vez de en su natal Hydrónia. Saber si su lealtad estaba con Gellert era otra de las cosas que en mi mente tenía cabida mientras miraba sus azules ojos. Dejé la jarra sobre la mesa de nuevo y sonreí con una pizca de diversión en mi mirada -¿sabes porque brindaría yo?- pregunté, aunque más bien era una pregunta retórica -por haber conocido una sirena en un mar de borrachos- seguía manteniendo una de mis manos tomada a la suya, y la otra que tenía la libertad de moverse, la acerqué a su rostro y con un simple dedo delineé una línea imaginaria desde sus mejillas bajando hasta su cuello hasta donde su capa me lo permitía.

Alejé la mano, la cual cayó sobre mis piernas, algo pesada. No estaba acostumbrado a ser suave ni menos delicado pero con ella no podía ser de otra forma, lo cual era cansador. Sin embargo quería ser menos bruto con ella, no quería dañarla y a pesar que nunca he sido muy dado a dañar a nadie porque si, dañaría a cualquier que siquiera la mirara de la misma forma que lo estaba mirando yo. Quien lo diría, hay cabida para los celos en mí. -Quiero que sepas, el día que nos conocimos, no estaba buscando llamar tu atención porque fueras hermosa, solo buscaba pleito en la taberna- solté mientras mi mano tomaba aquella jarra de hidromiel nuevamente y mi voz sonaba menos seria de lo que yo pretendía. Era mejor hablar de lo que ya sabíamos que de lo que nos queda por conocer del otro. Por mi parte en cierta medida era cierto aquello de que no pelee por ella, siendo que mi principal intención era que bebiera tranquila, no que se fijara en mí. Pero había sido una grata consecuencia haber conseguido su atención.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Natasha Ridelf el Miér Ago 29, 2012 9:19 am

Dí un trago a mi hidromiel, y sentí la frescura y dulzor de la bebida inundando mi garganta. El barullo del ambiente era distractor, y más aún con los cánticos de los borrachos a mi alrededor. Las voces iban y venían, como un murmullo de un río lleno de rápidos. Miré a los ojos de mi compañero, y le sonreí de lado. Si me concentraba, quizá los latidos de mi corazón hacían incluso más ruido que el sonido ambiente de la taberna. Cuando chocó su vaso contra el mío, diminutas gotas saltaron sobre la superficie de la mesa pulida incontables veces.

Escuché con atención para ver porqué brindaría él, y me quedé sin aire al comprender su frase. ¿Una sirena yo? Seguramente lo decía porque era una adepta de Hydrónia a sus ojos, aunque eso no evitó que me sonrojara profusamente, y rehuyera de sus mágicos ojos, demasiado cohibida para mirarlo fijamente, sino él vería el efecto que tenía en mí; sin embargo, algo me decía que él sabía a la perfección el torrente de sentimientos que pugnaban en mí por su causa. El roce de su mano me obligó a mirarle fijamente, y supe que en mis ojos estaba todo el afecto que había sido incapaz de ocultarle. Una diminuta voz en mí, deseaba que se internara más por debajo de mi capa, y tocase una piel que ya se sabía suya. Pensé que esa afirmación si hubiese sido hecha hace pocos meses, él hubiera encontrado a una borracha más en un mar de ebrios. Quizá más ebria que los demás.

Observé su mano caer pesadamente, y adiviné que no era un hombre que no estaba acostumbrado a ser suave con una mujer, y mucho menos a decir palabras abiertamente románticas. Sonreí ampliamente, y toqué dicha mano, rozando un poco su pierna.

-No necesitas actuar especialmente para mí, a mi me gustas tal cual eres-murmuré por debajo de mi sonrisa, y ante su confesión, admití otra verdad mía-Y yo pensé que lo hacías solamente para meterte debajo de mi túnica, y quedar como el héroe de la noche, que salvaba a la doncella y luego se acostaba con ella-besé su mejilla-Quedaste como el héroe, eso te lo aseguro-comenté alegremente, sin que me pareciera necesario admitir que ahora estaba más cerca que nunca de meterse no sólo debajo de mis ropas, sino de mi piel. Que él admitiera que era hermosa, me dejó sin fuerzas. Yo sabía que era una chica bonita, los continuos asedios masculinos me lo decían, incluso lo que veía en el espejo me lo decía. Pero, escucharlo de esos carnosos labios, me volvía loca. Ser hermosa a sus ojos era lo que más me importaba, y sentí tímidas lágrimas arder en el fondo de mis ojos. No lloraría frente a Aelis, jamás lo haría, pero la emoción casi opresiva que sentía en el pecho, una felicidad desconocida me invadió cada terminación nerviosa. Me incliné hacia él, echándole los brazos al cuello, y apretando mi cuerpo contra el suyo. El beso que escapó de mis labios hacia los suyos era uno lleno de deseo y algo de agradecimiento porque haberlo conocido aquella noche, y que me haya salvado, y sentí a las lágrimas irse de mis brillosos ojos-Me salvaste en más maneras de las que crees-confesé, siendo presa de un acto fallido, ya que estaba pensando eso, y se formaron las palabras. No podía arrepentirme, porque era de verdad lo que decía. El hombre me había alejado del abismo en el que estaba antes de llegar a la Isla, y si no hubiera sido por él, yo viviría ebria con el mejor hidromiel de la región. Aelis me daba ganas de ser mejor, para ser merecedora de estar a su lado.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Torek el Jue Ago 30, 2012 3:42 pm

Mi mirada se desplazó rápidamente a su mano que con bastante notoriedad para mí, tuvo un leve roce en mi pierna, que no significaba nada más pero con las sensaciones desbordadas podía significar la línea que separa la cordura de la locura. Tomé su mano y moví lentamente mi pulgar en su palma, trazando figuras imaginarias y líneas difusas, con el simple deseo de sentir su piel. La observé fijamente cuando me respondió acerca de lo que realmente le gustaba de mí, y aunque era muy linda la frase no pude evitar considerar que este que a ella le gustaba no era yo, sino un invento que hice para que no conociera al verdadero yo. No pude evitar dejar escapar un sonidito de mis labios, una risa silenciosa y camuflada por sus palabras del héroe que era yo. Bien, el héroe había hecho las cosas no tan bien porque hasta el momento que no podía meterme debajo de su túnica. Recibí igualmente su beso en mi mejilla, que era un pobre consuelo con respecto al real premio que insistía que debía recibir.

Y sin embargo luego recibí un premio mayor que un beso en la mejilla. Soltó mis manos y rodeó con ellas mi cuello, las mías reaccionaron de inmediato a su cercanía y se aferraron a sus caderas, que era lo que más me gustaba de ella. La forma de su cuerpo, las curvas que mis manos habían memorizado desde que nos veíamos porque siempre quería tocar más de lo que estaba a la vista. Acerqué su cuerpo al mío profundizando aquel beso más si era posible, jugando con mi lengua dentro de su boca, tocando la suya, sintiendo que mi deseo por ella subía tanto como el calor de tener todas mis ropas encima. Al separarnos, escuché sus palabras apenas abriendo mis ojos y con confusión vi una lagrima descender por su mejilla. Se veía tan débil, tan indefensa, que levanté una mano hacia su cabeza y con algo de suavidad la obligué a apoyarla en mi hombro. Mi corazón no podía aguantar sus lágrimas, su mirada de tristeza, quería cambiar eso, quería hacerle sentir mejor, pero no tenía las palabras, nunca tenía las palabras -siempre te salvaré- esa era mi promesa hacia ella, para intentar hacerla sentir mejor, me daba igual obtener algún beneficio del asunto, siempre la iba a proteger, ¿pero podría protegerla de mi mismo? Yo era más dañino de lo que ella sabía, y era cosa de tiempo para que se enterara. Le iba a decir quien soy yo, a su tiempo, cuando definiera lo que sentía cuando no hubiera dudas, cuando supiera que ella sentía por mi igual, en ese momento le diría, y por Zeus que no iba a dejar se aparatara de mi.

Ella se sentó bien, en la banca, y la incité a poner sus piernas sobre las mías mientras dejaba mi rostro pegado al de ella. ¿Era esto lo mejor que podía hacer? Claro que si, no sabía muy bien ocupar las palabras a mis antojos y era por eso que siempre hablaba poco. Pasé una mano por sus piernas, más dulce de lo esperado, este movimiento no había sido empleado para causarle placer ni excitación, mi otra mano se ubicó en su barbilla para forzarla a tomar una posición donde sus labios quedaran cercanos a los míos para darles suaves besos. Este era el extraño momento para algo de ternura, extraño en mi, no en ella. Era mía ya, no tenía que apurarla, ella con sus acciones me lo demostraba, con su deseo, mejor disfrutaba lo que nunca había tenido, una conexión más grande que con ninguna otra. Dejé de darle pequeños besos, para darle uno más largo esta vez, pero siguiendo con la suavidad de los primeros.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Natasha Ridelf el Jue Ago 30, 2012 8:50 pm

"Siempre te salvaré" dijo este maravilloso desconocido que tan hondo había calado en mí. Recordé todas las veces que alguien había arriesgado demasiado de sí mismo para garantizar mi bienestar y seguridad. Incontables guardaespaldas habían sido despedidos, perdiendo su única fuente de ingresos, porque caprichos míos, o porque yo era tan incontrolable, que incluso ex-marines no podían con mis berrinches. Ni hablar de la cantidad exorbitante de dinero que mis padres habían gastado en mantener algo similar a la estabilidad mental de su joven y descarriada hija. Y también, las continuas amenazas a las campañas electorales de mi padre. Incluso mi dulce nana, Rita, había tratado de ayudar, ofreciendo a llevarme un tiempo a Los Hamptons con ella, rodeada de narcisos -mi flor favorita-, con la esperanza de que mejorase. Pero claro, una y otra vez me escabullía de ella y salía a parrandear con los demás pobres niños ricos del lugar.

Tratando de controlar mis emociones, tomé el vaso de hidromiel y le di un largo trago. Incapaz de mirarle a los ojos, mantuve en alto el recipiente, mirándolo fijo, como si fuera el objeto más interesante del lugar. Era conciente de las manos de Aelis ubicando mis piernas sobre las suyas y lo dejé hacer. Cerré los ojos por un segundo al sentir su cálida mano recorriendo una de mis pantorillas. Tragué saliva, y supe que estaba a punto de confesarle, al menos, una de mis verdades.

-Siempre me salvas Aelis, me has salvado aquí, hace unas semanas, me has salvado de mí misma, y yo... yo siento que no hago nada por tí ¿sabes?-sonreí afectadamente, sintiendo el dolor atenazarme el pecho como un par de pinzas ardientes-Eres el que realmente pudo salvarme, y yo estoy aquí, no sabiendo cómo agradecerte, y tengo miedo...tengo miedo de...perderte-mi voz se rompió en un tímido tono, haciendo que mi última palabra fuera un murmullo como de pajarito herido. Más verdades querían salir de mis labios. Ofrecerle a este hombre mi verdadera identidad, no quería más secretos, no quería tener que caminar por las sombras de la verdad y sentir que cada beso me alejaba más de poder clarificar todo.

Aelis estaba siendo tan tierno, cada roce y caricia era único, y realmente podría acostumbrarme a eso. A sentir su piel contra la mía todos los días. Ya con un poco más de compostura, apoyé el vaso de hidromiel, casi vacío sobre la mesa, y moviendo un poco mis caderas para poder caber cómoda en el espacio de la butaca, y para poder mirarle fijo, humedecí mis labios pasando la lengua sobre ellos. Casi automáticamente, mi mano buscó la suya, aquella con la que tocaba mi pantorilla, y la acaricié despacio.

-Hay veces que... dices más cosas en tus silencios, o con tus miradas, no sé si te lo habían dicho, pero...-me incliné hacia él, bastante conciente de mi escote, y posé mi mano libre en su mejilla-...justo ahora, puedo ver varias cosas en tu mirada, cosas oscuras, pero bellas...como tú-finalicé y lo besé, en respuesta a su beso más largo, haciendo que mi lengua danzace con la suya, y gemí un poco al hacerlo. Separándome lo justo y necesario, me removí para quedar sentada en su regazo. Fue bastante difícil dado el espacio reducido, pero mis movimientos eran fluidos como el agua ahora, en más de un sentido, y le eché los brazos al cuello, mirándolo a los ojos; finalmente satisfecha con mi posición.

-Sé qué llegará el día que te aburrirás de mis conversaciones infinitas, y de mi inquieto cuerpo-comenté riendo un poco, soltando el nudo de mi pecho. Realmente podía ser yo con este hombre, pero debía saber si mi verdadera y rota identidad lo asustaría. No necesitaba eso, necesitaba tenerlo cerca.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Torek el Dom Sep 02, 2012 3:53 pm

Me dispuse atentamente a escucharla, mientras dejaba salir cosas que son bastante privadas pero que necesitaba sacar seguramente. Parte de lo que me hace malo para hablar es lo que me gusta escuchar a otros, y su voz era un dulce susurro que mis oidos amaban oir. Jugué acaciando su pierna en lo que oía lo que tenía que decirme, sus palabras eran demasiado amables para a quien iban dirigidas, yo sin duda no las merecía y si ella supiera lo que había hecho en nombre de esta guerra que habiamos empezado años atrás, seguramente ya no pensaría tan bien mi. Aun así no pretendí matar su ilusión tan pronto en esta tierra, mis capacidades en vez de asustarla la habían impresionado y eso era algo que no me sucedía muy a menudo, de hecho las personas se sentían levemente asustada una vez que veían mi habilidad con la espada. Así que era para agradecer que alguien pensara en mi como otra cosa que no fuera eso. Al diablo los demás, si ella pensaba en mi como un heroe por levantar mi espada en contra de otros me bastaba, solo la nacesitaba a ella. ¿Eran ciertas sus palabras? ¿Tenia miedo de perderme? Solo la conocía hace menos de una semana y sentía que me pasaba exactamente lo mismo a mi, pero la diferencia es que yo no me quedaría tan sentado si ella decidía alejarse de mi, y es por eso que no hacía ese miedo explicito.

Mantuve mi silencio, a lo que ella continuó con sus palabras. Sonreí simplemente porque tenía ya definido mi caracter al parecer, sus palabras eran precisas, pero sin duda demasiado para mi, sin embargo antes que pudiera soltar palabra de mis labios su escote quedó a merced de mis ojos y no pude evitar observar lo que escondían. Todo era parte de sus tentaciones para mi, y ella estaba demasiado conciente de sus atributos como para que mostrarme aquellos casualmente. Su beso era demasiado invitador, y mis manos se aventuraron por lugares entre conocidos y desconocidos, tocando partes de su cuerpo que antes solo había dejado para la imaginación. Su pequeño gemido me incitó a más, pero al momento de su separación solo pensé en devolver las palabras que había dicho de mi, en forma de queja -no soy bello- al mismo tiempo que sus manos rodeaban mi cuello y su cuerpo tomaba lugar sobre mis piernas -pero soy oscuro, y en eso tienes razón- concedí mientras me acomodaba recibiendo su peso sobre el mio y mirando sus ojos así como ella miraba los mios.

Sonreí ante sus palabras, berrinches de niña pequeña que no quería perder su juguete favorito. Porque eso era lo teniamos hasta que ella no supiera realmente quien yo era, solo una ilusión de una posible pareja. ¿Cuanto podría mantener esta mentira? La pregunta pugnaba en mi interior a cada momento que no me dejaba llevar por las emociones más fuertes de tenerla en mis brazos -no creo que tu inquieto cuerpo me vaya a aburrir- susurré en su oido, mis labios sin esperar alguna replica se deslizaron hasta el lobulo de su oreja succionandolo suavemente. Mis manos se metieron debajo de su capa, pero sobre su tunica, jamás me atrevería a ir tan lejos en un lugar aun público. Seguí succionando ligeramente su lóbulo, mientras mi mano se presionaba en su vientre buscando llenarla de sensaciones más allá de su control, cuando mi boca quitó algo de su oreja y tuve que sacarmelo de la boca para entregarselo -¿que es esto?- a pesar de romper la tensión sexual del momento, no creo que me molestara demasiado, ya tenía claro que hoy no sería el día que la haría mia.
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Re: Dreams of mirrors -privado-

Mensaje por Natasha Ridelf el Dom Sep 02, 2012 4:46 pm

Me había dado cuenta muy pronto que Aelis era un hombre de pocas palabras y muchas acciones, pero al mismo tiempo me percaté de que nuestras personalidades se fundían casi perfectamente. Yo, un río lleno de rápidos, y él, un silencioso prado lleno de exóticas flores. Recordé fugazmente el momento en que él me dijo que era un galiano, lo único que pude vislumbrar de su pasado, y aquello que más me importaba. Había sido en uno de nuestros encuentros anteriores, dos noches atrás, cuando mencionándole lo mucho que amaba a los narcisos y a las rosas blancas, él con un simple movimiento de manos, hizo aparecer a ésas dos flores y me las entregó. En cuanto llegué al Olimpo, las puse en agua, y con unos toques, me aseguré de alargarles la vida. Eran tan perfectas, que parecían modificadas genéticamente.

Noté su oscura mirada en mi escote, y me mordí el labio inferior, ya al fin fuera del mundo de mis recuerdos, y completamente atenta a mi amante. Mis encantos de mujer estaban a su alcance, y si bien me sentí cohibida al sentir sus abrasadores ojos allí, supe que quizá, si esto seguía, me tendría que habituar a que él me viera en todo momento. Eso pasa con las parejas, ¿verdad? Afiancé mis brazos en su cuello, y pasé la mano por sus anchos hombros. Sus manos estaban inquietas sobre mi piel, pero siempre respetando los límites del pudor, y aquellos que yo le había impuesto al hombre, y sin embargo, sus caricias lograban enloquecerme un poco, y cerré los ojos, algo estremecida, aunque mis labios actuaban solos y pronto me hallé respondiendo un beso que palpitaba pasión.

Puse los ojos en blanco, y alcé una ceja, mirándolo burlona, pero algo enrojecida por la interacción de momentos antes.

-¿Es que no te has visto en un espejo Aelis? Eres demasiado bello, creéme, ¿o por qué crees que la mesera no te quita los ojos de encima?-gesticulando con la cabeza hacia la rolliza pero voluptuosa muchacha que lo miraba atentamente-Lástima que ella no pueda conocer el sabor de tus labios, son míos-murmuré, adueñándome de su labio inferior, e iniciando un beso delicado, pero no sin falto de agresión, la indicada para marcar territorio.

Su confesión, acompañada de unas húmedas succiones a mi lóbulo, me tuvieron pronto al borde del abismo, y mi cuerpo clamaba por el; me revolví de manera que estrechase mi pecho contra el suyo, y dejando mi cuello a la vista, invitándolo e indicandole que me besase allí, mi punto débil. Noté que se detenía, y lo observé curiosa, para notar el brillante y diminuto objeto que estaba en su gran mano. La curiosidad estaba dibujada en su rostro, y tuve que reprimir una risita al verlo tan atribulado por un simple arete.

Tomándolo entre mi dedo índice y pulgar, lo miré, y le sonreí a Aelis. Era un Tiffany original, en forma de corazón. Había sido un regalo de mi nana Rita por mi cumpleaños número 16, y eran la única joyería que me acompañaba desde mi adolescencia. Primero porque eran un recuerdo de mi amada abuela, y segundo, porque eran demasiado bonitos, y ya los consideraba parte de mí.

-Es un arete Aelis, fueron un regalo de mi abuela, y jamás me los quito-expliqué brevemente, para volver a colocarlo en su lugar, y atusar unos mechones rebeldes de mi cabello.

Me incorporé un poco, para llamar la atención del bartender, e indicarle dos hidromiel más, cuando la puerta principal se abrió con un estrépito, y al menos media docena de soldados de Gellert, con sus capas doradas se adentraron allí, y se fueron directamente a hablar con el bartender. El resto, comenzó a inspeccionar rostros uno por uno, y me asusté, pensando que si me reconocían, me dirían que no era sitio para una Elegida, que el Olimpo, que esa posición con un hombre, y demás cosas que me quería ahorrar. Noté cierta tensión en el cuerpo de mi amante, y lo observé, ponerse de pronto muy inquieto, y que sus manos, antes tan sabias al tocar mi piel, iban y venían a la empuñadura de su espada. Percatándome también de la hora, y queriendo hacer algo para evitar que el moreno formase parte de una pelea, me deslicé de su regazo, y acomodando mi capa, lo tomé de la mano.

-Ven vamos, debo regresar al Olimpo, y me gustaría que me acompañases-murmuré, mientras salíamos del apartado de la mesilla, y nos movíamos entre las sombras para ir a la puerta trasera. Una vez allí, apresuramos el paso, y pude respirar en paz. Una vez más, él se había comportado raro en presencia de los soldados del Patriarca, pero al menos pude evitar, otra vez, un enfrentamiento. Ya llegaría la hora en que lo interrogaría a ver porqué actuaba así. Por ahora, éramos otra pareja que caminaba abrazada rumbo al castillo. Por ahora.
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