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Nos encontramos en el año 745 de la Era de la Batida, en el continente de Grezalia, tierra de guerreros honorables, donde el hombre se conecta con la naturaleza al punto de poder controlarla a su antojo. El mal finalmente ha conseguido alzarse en Grezalia, Gellert el Patriarca ha caído prisionero bajo la espada de su propio hermano, Lucian, el nuevo Patriarca. Extrañamente el pueblo de Grezalia ha decidido aceptarlo como su soberano, especialmente luego de que éste anunciara la pronta celebración de la Batida y prometiera una sorpresa en la misma. ¿Logrará Lucian desafiar a Zeus e imponer que todo adepto de Grezalia aprenda a manejar los cinco poderes y así romper con el balance creado por la naturaleza o el bien volverá a gobernar y el orden permanecerá intacto? Es una pregunta que todo Grezialita se hace actualmente, sin embargo hay una interrogante aún más preocupante que ésta: La isla ya no es lo que era, no se puede ser neutral bajo estas circunstancias, así que todos deben elegir un bando... ¿Tienes claro cuál es el tuyo? ¿Serás un adepto fiel al nuevo patriarca o lucharás para que el hombre nombrado por Zeus vuelva a gobernar? El futuro de Grezalia está en tus manos, sólo debes decidir cuál es el futuro que deseas vivir. ¡Bienvenidos a Grezalia, tierra de guerreros honorables!



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It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

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It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Lun Ago 20, 2012 4:27 pm

Ya la noche estaba cayendo, y me sentía cansado de tanto entrenar ese día. Los tendones de mi mano izquierda estaban agotados y tiraban como cuerdas de violín heridas de tanto tocar. Movía casi inconcientemente mis dedos, estirándolos y relajándolos, preocupado porque había fallado dos tiros esa tarde, para asombro de aquellos hydrónitas que estaban junto a mí. Mi puntería era legendaria, pero ése día se ve que mis manos no querían cooperar. Lo peor de todo, es que la cuerda de mi arco de madera galiana estaba crujiendo preocupantemente, y supe que necesitaba una refacción pronto.

Mis pasos sonaban bastante livianos en los pasillos del Olimpo, y agradecí que no hubiera nadie por los alrededores, no me sentía en mi mejor momento, y mi mal humor estaba allí, pregonando como el alma de la fiesta. No necesitaba fingir buen humor, necesitaba soledad y calma. Reponer en mis aposentos mi mano, y curar la madera de mi arco, que ya era como una extensión de mi brazo. No había nadie tan diestro en el arte del arco como yo, y seguramente los rumores de que había fallado, estaban invadiendo las marmóreas paredes del castillo como una enfermedad nefasta. Tan así eran las cosas por aquí, y tendría que labrarme una nueva reputación. No sólo sería el hermano del Desterrado, el perdedor de la Batida, sino ahora, áquel que falló dos tiros seguidos. Fantástico.

Tan perdido estaba en mis pensamientos, que no me había percatado de lo lejos que había llegado. Estaba en el área de los Despachos de los Maestros, y mis pies me habían llevado allí inconscientemente. Recordé que seguramente a estas horas, estaba allí Eydis, la Maestra del Fuego actual y una muy buena amiga. Recuerdos fugaces de la relación que supimos tener, una relación que haría sonrosar a unas cuantas vírgenes, afloraron en mi mente; pero ésta quedó en el pasado, para forjar una preciosa amistad, de confidencias y secretos.

Me acerqué a su puerta, y la toqué despacio, pero al no escuchar respuesta, me adentré en su oficina, sintiendo el aroma a naranjas salvajes con el que aromatizaba todas las estancias en las que estaba la salemita.

-¿Molesto, Cautelosa?-pregunté a modo de saludo, mirando a la femenina figura detrás de un escritorio. Esperaba que la visita calmase las turbulencias de mi mente, y me diera un poco de amena paz en estos momentos. Mi querida Eydis conseguiría esto, estaba seguro.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Lun Ago 20, 2012 6:48 pm

Un día más llegaba a su fin con la luz anaranjada del sol agonizante que comenzaba a extinguirse conforme se ocultaba en el horizonte, marcando el inicio de la noche. La sábana oscura salpicada de estrellas distantes se alzaba en el firmamento donde una luna blanca y pálida regalaba su luz sobre la faz de la tierra que ya debía dormitar.
En el escritorio, una mujer de cabellos oscuros como la noche, estaba sentada. Sobre la mesa de roble estaban varios papiros con escritos en una letra pulcra y estilizada de color negro. Notas que habían sido escritas para no terminarse aún.
La estancia olía a naranjas salvajes, la fruta preferida de la Maestra Fuego que admiraba una hoja de maple en ese momento.

Tenía los ojos azules concentrados en aquella pieza de naturaleza arrancada de su hábitat; la giraba suavemente mientras seguía perdida en las formas y el color.
Momentos atrás la salemita había prendido una vela al notar que su ambiente comenzaba a oscurecerse y la hoja, a un lado de la flama incandescente, dejaba ver las venas que la recorrían, como marcando un mapa natural, diseñado sólamente para esa hoja en específico.
¿Qué pensaba? Su mente estaba ocupada en un principio en particular: si la hoja es unica entre todas las del árbol de maple ¿nosotros también seremos así?
Un largo suspiro escapó de su boca, tan pesado como el alma que descansaba dentro de ese cuerpo de piel. Cuestionarse se convertía en una lucha interna, cosa que le sucedía muy a menudo. El tiempo a solas, cuando ni un alma estaba permitida a entrar en sus aposentos, era el momento en el que miles de preguntas se arremolinaban en su mente.
Durante su estadía en el Olimpo como Adepta había tenido una depresión que casi la hace caer en la enfermedad más dura y física jamás experimentada, y todo por la simple pregunta de "¿Por qué estoy aquí?".

Cuando recordó las muchas lágrimas derramadas en silencio provocadas por su propia mente, la ira contenida emergió de entre sus entrañas. La flama de la vela viajó hasta la hoja como si se tratase de una ola marina que se quiere tragar una aldea, y tan pronto como la tocó, la hoja se cubrió de una llama amarillenta que redució su existencia a cenizas. Aquellos restos cayeron suavemente sobre un papiro donde descansaba una sola oración: "El inicio del todo".

- Y El fin por igual.- comentó ella para sí misma notando el polvo negruzco.

Necesitaba dormir, pensar demasiado desataba su impulsividad, así que si cerraba los ojos hasta volver a abrirlos al siguiente día, su mente se calmaría y entonces volvería a su rutina.
Se frotó los ojos con el dedo anular y pulgar de su mano, dedos que estaban enjoyados con anillos de plata con incrustaciones de amatistas y granates, sus piedras favoritas.
Una mano llamó a su puerta y sus ojos se quedaron clavados en la mesa de madera; seguramente sería otro adepto que necesitaba discutir alguna cuestión pendiente.
No tienía tiempo para eso.
Y no obstante, una voz familiar, una voz que había anhelado muy poco escuchar, sonó solitaria en su habitación.

"Conan..." pensó sorprendida. ¿Qué hacía ahí?
Extrañada, subió la mirada hasta encontrarse con un hombre que le era familiar y al mismo tiempo, extraño. Recordaba aquellas finas facciones, los ojos azules, el cuerpo esbelto y largo. Lo que no recordaba era la larga mata rubia que le caía por el frente y la espalda, así como la barbilla afeitada.
El tiempo había surtido sus efectos. Una sonrisa ladeada aunque cansada, se asomó por entre sus labios.
- Claro que no, pasa.- lo invitó mientras se paraba de su asiento y rodeaba la mesa - Es una verdadera sorpesa tu visita, así como inusual... lo que quiero decir es... bueno, no esperaba verte.- finalizó de pie al lado de la mesa.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Lun Ago 20, 2012 8:26 pm

Los azules ojos que me encontraron de lleno me impactaron, como siempre. Habían pasado, ¿cuánto? Casi cien años desde que habíamos estado juntos en el Olimpo, y aún así, no me sorprendía verla aquí en el castillo, siempre rodeada de pergaminos, de velas, de aroma a naranjas. A veces, el tiempo te hace creer que olvidarás a alguien, un gesto, una facción, o algo por el estilo, pero al verla así, en su elemento, recordé a la fuerte salemita que había sido mi amante, y sonreí ante el recuerdo. No era propio de mí recordarla así, lo sabía, no ahora que estaba con Nova, pero a veces, el cerebro actúa según sus propios planes, y el cuerpo debe dejarse llevar.

Sabía que la joven estaba ejerciendo como Maestra en el Castillo, cosa que no me sorprendía, siempre había sido la mejor adepta del fuego en mis tiempos de estudiante, y su amor por la investigación de absolutamente todo la hacían la candidata ídonea para tal puesto. Sin embargo, la amistad que conservábamos luego de la relación que nos unió como pareja, fue distanciándose un poco, décadas nos habían alejado, y si bien sabía que ella estaba aquí enseñando, nunca me atreví a molestarle. Temía sus enojos, y más aún, temía ver dolor en sus ojos, dolor por el fin de lo que teníamos. Pero ella lo había superado, o eso esperaba yo.

-Gracias-dije entrando completamente, y cerrando la puerta detrás mío. Su oficina gritaba todo ella. Eydis en pequeñas porciones, barrí la habitación con una mirada y me sentí a gusto en ella, pero detuve la inspección para mirarla sólo a ella. La salemita habló y sonreí afablemente. Noté su mirada sobre mi cabello, y recordé que cuando estuvimos juntos lo llevaba oscuro y haciendo juego con una barba. Mi apariencia era descuidada en ese entonces, pero cuidada para ser descuidada, era meramente intencional. Mis ojos se detuvieron en su sinuoso cuerpo, cubierto de una túnica negra que se ajustaba a sus curvas casi como un mapa, y su cabello que caía en bucles naturales sobre sus hombros.

-Si, buscaba a alguien con quien hablar Eydis, a estas horas es díficil poder hallar a un alma, y supe, sólo supe que estarías aquí-admití y apoyé mi cuerpo contra un mueble de una madera casi negra-Ha pasado bastante, Cautelosa. Demasiado quizá, y pensé que sería, no sé, un buen momento para hablar, ya sabes, ponernos al día con los chismorreos del castillo-bromeé como siempre, pero había algo de verdad en mis palabras, y era que quizá nos debíamos este reencuentro. Tensé mis dedos una vez más, y el tirón me anunció que el dolor seguía allí. No usaría el éter para curarme, a veces, sentir dolor era bueno.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Lun Ago 20, 2012 9:01 pm


Cada paso que daba ese caballero de Iluminia era como una ráfaga que golpeaba directamente en su cerebro, recordándole el pasado, los momentos de intimidad, la cercanía y, sobre todo, la convivencia. No negaba -y de hecho, jamás lo había negado- el hecho de que Conan significase algo para ella; tanto tiempo estudiando juntos no podía ocultar la estrecha amistad que habían formado, y sin embargo, el tiempo había hecho lo suyo, separándolos y convirtiéndolos en extraños.
Al ver sus ojos, los enormes lagos azules que la miraban, tuvo una inmediata regresión en el tiempo.


{ ... El viento soplaba como una brisa cálida y tranquila que mecía las hojas de los árboles provocando una sinfonía de sonidos naturales, el roce de las ramas con otras, el silvido de los árboles huecos, los grillos que frotaban sus pequeñas patas provocando esa música tan propia de ellos, y el ruido del agua cayendo de la cascada para encontrarse con el río. La joven corría descalsa y con las zapatillas en la mano; el vestido de dormir se le pegaba a las curvas que, en ese entonces, ya se le habían formado. Reía inocentemente, corriendo, pisando la yerba que crecía indistinta sobre el cesped, golpeando con suavidad las flores campiranas que se extendían multicolores, moteando el verde oscuro. La luna estaba en el cenit y se reflejaba en las ondas que el río marcaba con su cauce y su lento correr cuesta abajo.

La mujer tropezó con una piedra en su huída y cayó de espaldas sobre el pasto, sin dejar de reír. Entonces la figura masculina que venía tras ella se distinguió gallarda detrás de un sauce, "¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?" preguntaba él con su voz ya madura; ella, con las ondas de cabello oscuro regadas sobre el suelo simplemente sonrió y lo llamó con la mano para que se acostara con ella. Habían corrido un buen tramo desde el castillo hasta ese río cuya explanada era plana pero con mucha flora a su alrededor. "¿Me enseñarías a reconocer las estrellas?" había preguntado ella con su aterciopelada voz. "Siempre que me lo pidas, Eydis." había respondido él para comenzar a unir los puntos celestes con sus dedos en el aire.

Risas, muchas risas y miradas, hasta que los dedos se juntaron vacilantes, aún flotando en el aire. La muchacha se sonrojó y desvió los ojos cuyo azul brillaba de forma curiosa a la luz lunar. Él, con su mano, volteó su rostro y juntó sus labios.
Se volcaron en el pasto, jugando hasta que el juego dejó de serlo. Ahí, bajo el testimonio de las estrellas, ambos se regalaron el cuerpo. Por primera vez... }


Eydis tragó saliva, evitando ese momento en particular. Desde ese día no podía ver el cielo nocturno sin que se le erizara el vello de los brazos y la nuca. Ahora recordaba por qué no le gustaba la noche ni el olor de las flores.
Volvió los ojos a su invitado que se había quedado recargado sobre su librero, un magnífico mueble labrado al bajo relieve por artesanos eolitas. Un regalo... que ya no recordaba de quién era.

Se obligó a sonreír para que pasara desapercibido ese recuerdo que había evocado sin querer.
- Pero claro que lo es, soy la única de espíritu nocturno que no puede cerrar los ojos hasta muy entrada la noche, en estos momentos mis otros colegas han de estar en el quinto sueño al igual que los adeptos.- comentó ella tomándose las manos y dejándolas reposar en sus piernas, estiradas. Con la cabeza asintió a su conjetura. En verdad había pasado muchísimo tiempo desde la última vez que se vieron. -Mucho tiempo, en efecto...- susurró ella alzando las cejas, sorprendida por que no se acordara cuánto había pasado - Bien... pues no ha pasado mucho, la verdad, Perseverante... yo no he tenido más entretenimiento que el de forjar nuevos Maestros aquí dentro, algunos mejores que otros, pero que al final terminarán todos con el control de su elemento al cien porciento.- respondió Eydis tomando distraidamente el pergamino que se había manchado de ceniza, lo limpió con una mano y luego levantó nuevamente la mirada - ¿Y de ti? ¿Qué ha pasado contigo?- preguntó con la ligera esperanza de que Nova no saliera al tema.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Lun Ago 20, 2012 9:53 pm

Ya poco quedaba de la joven salemita con la que había compartido noches infinitas adivinando la posición de las estrellas, reconociendo constelaciones, hallando nuevas, y nombrándolas. Ahora tenía enfrente mío a una mujer en toda la expresión de la palabra. Y sin embargo, me pareció vislumbrar en sus infinitos ojos azules, algo del dejo de inocencia que otrora me habían hecho el hombre más feliz del mundo. Observé con atención el ovalado rostro de Eydis, enmarcado por los mechones de cabello castaño que intencionadamente ella dejaba caer fuera de su moño, y estuve muy tentado de llevar uno detrás de su oreja, de rozar su piel, pero algo me detuvo, y un par de ojos casi níveos chocaron contra mí. Nova.

¿Qué demonios me pasaba? Yo estaba con la eolemita ahora, juntos, y felices. Nos habíamos reencontrado luego de décadas de que la dejé, y ahora, aparecía Eydis, en todo su esplendor frente a mí. Pasé de estar desolado por culpa de Isis, a tener a las dos mujeres más importantes de mi pasado bailoteando en mi mente y en mi presente. Sabía que Eydis estaba aquí en el castillo, lo sabía a la perfección, aunque dudaba que ella supiera de mi paradero. Nadie sabía la identidad de los miembros del Consejo. Pero sí, la de los miembros del Ejército, y quizá, ella sabía que yo ahora estaba en las filas de Grezalia. ¿Acaso la estaba evitando concientemente? Y si así era, ¿qué estaba haciendo aquí a mitad de la noche?

-Si, lo sé. Los ronquidos de Corban resuenan hasta en el Patio de Entrenamiento-comenté riendo suavemente, y quitándome del rostro una larga trenza de blanquecino pelo que interrumpía mi visión de la Cautelosa. Su susurro me hizo ladear la cabeza, y sonreí afectadamente, mientras la escuchaba hablar de su profesión-Nunca hubiera imaginado que terminarías aquí, aunque debo admitir que no me sorprende-mi tono de voz era tranquilo, y crucé los brazos en mi amplio pecho, tensando la tela de mi jubón. Mi mano aún dolía, pero no importaba ya.

-¿Conmigo? No soy el tema más interesante para una velada como esta Eydis-impregné mi voz de un velo de indiferencia, para no caer una vez más en las garras del pavor ante la idea de no ser nada más que el hermano de un Desterrado-Ya sabes, entreno con el arco, trato de ser el perfecto soldado, evito que Corban caiga ahogado en una cubeta de hidromiel cada vez que puede, filosofo mucho en el Bosque Iluminado, y trato de no pensar en Tammuz, a pesar de que su recuerdo siempre me ronda-finalicé y suspiré, mirándola fijamente, perdiéndome en sus azules ojos, con dolor en mis pupilas. No sé si concientemente evité hablarle de Nova, pero luego lo abordaría.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Lun Ago 20, 2012 10:58 pm

La sombra del pasado en ese momento la estaba ahogando. Se había jurado a sí misma que no lo buscaría, después de todo, no era su deber ni su obligación hacerlo. Además de todo, ella lo había dejado en libertad, porque no estaba en ella el que se quedara cuando realmente no la amaba. Nova era la mujer que debía estar con él desde un principio y si, aunque los recuerdos le dolían ahora que lo volvía a tener enfrente, no se arrepentía de su decisión. Conan se veía entero, radiante, casi parecía refulgir con brillo propio. Estaba claro que durante todos esos años de distanciamiento, él no la había necesitado.

La salemita tomó una gran bocanada de aire para soltarlo lentamente, vaciando sus pulmones y su estómago de aire. Había permanecido tanto tiempo sola en esa habitación que el peinado estaba completamente deshecho; una vez más, el tiempo hacía sus estragos hasta en el más mínimo y superficial detalle. En este caso, el moño que se había alzado y que ahora dejaba sueltos algunos mechones que le caían por los flancos del rostro y la frente.
La visita había sido tan esporádica que su arreglo personal no estaba en las mejores condiciones para recibirlo como se debía. El vestido negro que le llegaba hasta los talones y que dejaba descubiertos sus hombros era con el que, horas atrás, diera su clase de control elemental. Se sentía cansada y así pensaba que se vería.

En otro momento le habría rogado quedarse con ella, que se mantuviera a su lado; le daría la tierra si ese hubiera sido su deseo. Pero renunciar a su propia felicidad por la ajena, era aún más noble. Nova no era una mala mujer, al contrario, desbordaba brillantéz tanto mental como física. Una mujer hermosa sin duda alguna, con las facciones felinas, el cuerpo esbelto y esos ojos verdes que sin duda eran lo que había atrapado a Conan. En efecto, las cosas estaban bien así. Eydis no necesitaba compañía, jamás la había deseado, así que ¿para qué hacerse más ilusiones? Su padre mismo la abandonó una vez de vuelta a Salem. Conocía el sentimiento de estar sola y no lo dejaría por una simple debilidad.
Asintió con la cabeza ante la afirmación de Conan. Su colega, Corban, roncaba bastante fuerte.

- A eso le llamo descansar, Corban siempre tiene días muy arduos, así que sus ronquidos son muy merecidos para él - dijo mientras su mano buscaba una naranja que había dejado sobre el escritorio para comerla, cuando sus dedos la palparon, la sostuvo entre sus manos y comenzó a pelarla con las uñas y las yemas - Nadie imaginaba que me quedaría aquí, pero creo que es lo mejor, mi padre no estuvo cuando volví a mi aldea... no tenía otro lugar a donde ir, no le debo nada a la gente de mi clan y ellos tampoco a mi, es mejor que pase mi tiempo enseñando a los adeptos a desperdiciarlo al vagar por Grezalia en busca de la gloria - puntualizó con los ojos perdidos en la cáscara de la fruta.

Sus ojos se levantaron cuando Conan comenzó a hablar de sí mismo. Tenía ciertas nociones de que se encontraba en el ejército, después de todo, al finalizar su entrenamiento y convertirse en Maestra, estuvo al pendiente de la vida de su amigo. Sin embargo, le había perdido el rastro años atrás. La noticia de Tammuz no fue la más dulce de todas. Hubo un momento de silencio, donde la nada y pocos sonidos llenaban el ambiente.
- Yo... siento mucho lo de tu hermano, Conan, sé que le apreciabas bastante antes de que lo exiliaran, no es de extrañarse que esté presente en tu cabeza... es tu familia, traidor o no.- comentó con el rostro sereno y la voz completamente sincera.
La amistad los unía aunque la distancia tensara la cuerda de esa relación al extremo de olvidarse el uno del otro. Tenía que apoyarlo, para eso existía ella.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Mar Ago 21, 2012 12:17 am

Había algo similar a la tensión en el aire, y me hizo fruncir el ceño. El aire realmente estaba cargado entre nosotros, y algo grande y viscoso rondaba a mi alrededor. Un aura de pensamientos impropios para un hombre que en su presente estaba unido a una mujer noble, pero que al encontrarse con esta mujer de su pasado, temblaban los cimientos de su propia cordura. No era fácil sentirse así. Estaba seguro de mis sentimientos por Nova, la amaba sí, ¿pero y entonces que era este nerviosismo al ver los hombros desnudos de Eydis? ¿Por qué miles de recuerdos de otras partes de su cuerpo parpadeaban detrás de mis pupilas? De no ser por el mueble detrás mío, las dudas me habrían arrojado al suelo.

Una carcajada escapó de mis labios y sonreí moviendo la cabeza de lado a lado.
-Corban, ¿trabajar duro? Si la mayoría de sus alumnos son autodidactas a esta altura-comenté y la tensión en mi pecho y en el aire se alivianaron un poco. Como si reír fuera la medicina natural a todos mis problema. Observé sus finos dedos, cubiertos de anillos de amatista y granate, y casi paso por arriba de ellos, cuando el destello de una gran piedra color violeta llamó mi atención, y caminé hacia ella, con la mirada fija en sus manos. Una vez que estuve a pocos centímetros de la salemita, y el aroma natural de ella, algo similar a los geranios en flor, y la esencia de la naranja me inundaron.

-No puedo creer que aún lo conserves-musité tomando su mano entre las mías, observando el anillo más de cerca. Era un anillo a medida, a su justa y única medida, pues yo lo había mandado a hacer por el mejor orfebre de Galia. Había sido el anillo de compromiso que le había obsequiado una tibia tarde de verano, en el mismo sitio donde habíamos hecho el amor por primera vez.

"-Dime Eydis...-mi corazón palpitaba a toda prisa, perdido en los azules ojos de la salemita, que me miraban interrogativamente-...puedes reconocer esta estrella? Pues es la más brillante que alguna vez vi-comenté y le entregué el anillo, ruborizado, y esperando que mi intención fuera clara. Mi sorpresa fue la más grande del universo, cuando la vi ponérselo. Besarla fue decir que hice poco"

Me obligué a mi mismo a volver al presente, y a soltar su mano. Exhalé el aire de mis pulmones, y me quedé de pie, casi sin saber qué hacer más que replicar sus comentarios, y mirarla fijamente. Escucharla hablar sobre su padre y su clan me irritó bastante, pues sabía los problemas por los que había pasado para poder forjar su independencia.

-Eydis, tu lugar estará dónde las estrellas brillen. Si recuerdas eso, nunca podrás dudar de dónde debes estar, no dejes que el fantasma de tu padre, o la gente de tu clan entorpezcan tu crecimiento. Debes explotar todo lo que eres al máximo, así como yo me gané mi título nadando lejos de las cienagosas aguas del nombre de mi hermano, tu podrás alejarte de todo lo oscuro de tu pasado, y ser la mujer que mereces ser. Ambos sabemos que se puede ir más lejos de lo que la gente cree-le dije, con un fervor que era típico de mí en las reuniones del consejo, ésa era la voz de mi experiencia hablando, y todo lo que mi tono expresaba era una esperanza fogosa.

Tomé otra naranja entre mis manos, y la pelé despacio, usando mis uñas, pero la partí a la mitad, y mordisqueé distraídamente una de las partes, pensando en Tammuz, y en todo lo que él me había causado. Había traído desgracia y oscuridad al legado de nuestros padres, y por más que odiase admitirlo, me había dejado sólo en este mundo que sólo quería verlo caer. Observé a Eydis, y sonreí con pesar.

-Creo que los dos sabemos lo que es sufrir por la familia, Cautelosa-comenté como quien no quiere la cosa, y me avoqué por completo a mi naranja, tratando de aclarar mi mente. Noté que el dolor de mis tendones se estaba apagando, y casi extrañé el cosquilleo de ardor en mis terminaciones nerviosas, así de masoquista era.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Mar Ago 21, 2012 12:59 am

El rostro de Corban pasó fugazmente por sus recuerdos. En efecto, podía ser que muchas veces se le notara no haciando nada, de hecho se podría decir que era de los Maestros más perezosos, pero ese día Eydis había pasado toda la tarde entrenando con una Adepta que había tomado como pupila, una niña de Hydronia cuyas capacidades iban más allá del talento nato. Cerca de ellas estaba el grupo de Corban, todos formando una rueda para que los duelistas quedaran al centro; un muchacho fornido de cabellos rubios y otro más menudo pelirrojo. El más grande había tirado al de los cabellos rojos de un espadazo, lo cual lo aturdió por un rato. Sin embargo, las cosas se encendieron entre los duelistas y Corban tuvo que interponerse para que no se mataran. Esa tarde había estado muy cansada, así que no le sorprendía en absoluto que su colega estuviera tirado a pierna suelta sobre su cama, con los rizos sudados y la boca babeante. Eydis erqueó los labios en una sonrisa.

- Si hubieras observado la forma en la que hoy detuvo a un muchacho de matar a otro en un entrenamiento, no pensarías eso. Puede que se vea lento, pero sabe bastante, se le nota en la forma en que mira y habla.- comentó suspirando, un trozo de cáscara cayó de sus manos y fue a parar al suelo.
Eydis hizo gesto de recogerlo, pero el jalón que las manos de Conan hicieron en la suya, se lo impidieron.

Volverlo a tocar, aunque fuese en una mínima parte, le robó el aliento. Era como la primera vez que sus piernas habían sentido el tacto de otras, el roce de las pieles y aquella confidencia.
Cerró los ojos por un segundo. Efectivamente, ese anillo mantenía un significado más profundo que el valor en oro que podría tener, amatistas, eso tenía, una piedra que se mantenía como su favorita entre las muchas que le gustaban.
Un atizbo de tristesa le surcó el rostro.
Había sido el momento más felíz de sus años como Adepta en el Olimpo. Aquella noche en que la esperanza había quedado atrás, porque el enlace era entonces, oficial. Un anillo de compromiso, un enlace que ella esperaba que fuese para siempre y que de un momento a otro se vio obligada a truncar.
Si convservaba aún esa prenda era porque aunque su mente le gritaba y sollozaba por el olvido, su corazón aún no lo podía aceptar. Y le dolía, hondo y profundo, pero lo aceptaba.

Eydis dejó la naranja sobre la superficie lisa de la mesa, se llevó los dedos al anillo y lo deslizó hacia afuera para observarlo con mayor atención. Era una pieza exquisita, con las alas de dragones desplegadas a los lados de las amatistas. Frunció el entrecejo.
- Es un adorno precioso, lleno de... sentimientos honestos, no podría no conservarlo...- musitó con las pupilas fijas en el diseño.
A ella ya no le servía más que para recordar lo que alguna vez fue, pero sabía que a él si podría servirle. Él si tenía a quién entregárselo. En la palma de su mano nívea se deslizó la pieza artesanal, la salemita estiró la mano hacia Conan - Tómalo, apuesto a que Nova tendrá su dedo del mismo tamaño que el mío, podrá quedarle bien y tu ya formalizarías lo que llevas tanto tiempo con ella.- dijo con sus ojos azules penetrados en los de él. Estaba siendo honesta, ese anillo ya no le pertenecía porque ya carecía del compromiso.

Hablar de sus orígenes y de su destino era algo que no gustaba de conversar ni con Conan, eso solo la deprimía más.
- Puede ser, pero aquí estoy a gusto, ya no quiero vagar como alma en pena. Prefiero asentarme donde sea de utilidad, entre los adeptos, entre la gente que requiere mis habilidades.- finalizó recordando la adepta de Hydronia. Una mujer que pronto tendría su nivel si seguía entrenando como esa tarde.

Al recordar el rostro de su madre, Eydis reprimió un puchero. La perdió a tan temprana edad que le dolía aún que ese amor maternal nuncale fue dado. Y con su padre no había más que hablar, se desconocía su paradero. Estaba sola, más sola que nunca.
- Lo se, lo se, pero son casos muy diferentes, Conan, mi madre murió cuando yo era una niña y mi padre... no hablemos de él, cada vez que lo hago me siento estúpida por haber creído que me esperaría. Tammuz era un gran guerrero, sólo equivocó para quien trabaja, eso es todo... no se, creo que en esas cuestiones mi opinión sigue siendo muy burda, la guerra jamás me ha parecido algo digno de tomarle atención.- se encogió de hombros. Un mechón más largo se le resbaló por entre el moño. Ya cansada de que su peinado estuviera hecho un desastre, decidió desatarlo por completo. Su delicada mano viajó por el aire hasta la parte alta de su cabeza y de ella extrajo un prendedor de bronce. La cascada de cabellos negros cayeron sobre sus hombros desnudos y la espalda.

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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Mar Ago 21, 2012 1:38 am

Había escuchado algo del entrenamiento entre los iluminitas de hoy, y la acción mediadora de mi mejor amigo, pero desestimé la situación al provenir de sus egolátras labios, aunque ahora, escuchando a Eydis confirmarlo, le dí el valor de verdad que merecía. Corban y Sátiros eran bastante similares en lo que a particularidad a la hora de enseñar se refería.

-Seguro que sabe bastante, aprendió del mejor-bromeé haciendo referencia a mí mismo, recobrando algo de mi típico sentido del humor, pero aún así, sintiendo el peso de la situación a mi alrededor.

Vi el gesto de dolor de la chica, que aunque fue fugaz lo pude ver de todos modos, y me ensombrecí aún más al escuchar su comentario. Posé mis ojos sobre sus manos, al ver que se quitaba el anillo y lo examinaba con un gesto de velado enfado, o algo similar. El sonido de la naranja que se escapó de mis manos, y cayó al suelo con un sonido que se oyó lejano en mis oídos. Mi alma cayó a mis pies al escucharla hablar así, y envolví las manos que ella extendía con la pieza de joyería en ellas, devolviéndole la intensa mirada con la que me estaba perforando.

-Eydis... ese anillo fue hecho a tu medida, no hay otra mujer en toda Grezalia que lo pueda usar, y lo sabes bien. No sólo por su medida, sino por lo que representa. ¿Realmente crees que sería capaz de traicionar lo que tuvimos dándole a Nova algo que nos marcó? Sería como darte a tí algo que le regalé sólo a ella. Además, no quiero que te lo quites, se te ve hermoso...-murmuré esto último y recuperé el anillo de sus manos, para volver a ponerlo en el dedo que antaño estaba, el dedo anular de su mano derecha. Arrebatado por algún oscuro resabio del sentimiento que ella me producía, besé este dedo y el dorso de su mano-Por favor Eydis, por favor-murmuré con los labios pegados a su mano.

Dandóme cuenta de lo impropio de mi accionar, me alejé de ella, y retomé mi posición contra el mueble. Este no era yo, no podía ser. Me obligaba a mí mismo a pensar en Nova, una y otra vez, recordaba las facciones de la eolemita, pero el aroma de Eydis llenaba cada uno de mis sentidos, y eso sumado al anillo, me daban ganas de desollarme vivo. Era eso, o salir pitando por la puerta, dejando el asunto lejos, y encajonado. Pero la tensión estaba ahí, como un animal enorme y engalanado de vivos colores, parado en el medio de la habitación. Difícil de ignorar, aún más díficil de no mirar, como los ojos de la salemita. Obligándome a seguir escuchándola, me concentré en sus palabras, y ya más calmado, le sonreí abiertamente.

-Si que eres de utilidad aquí, el castillo necesita a alguien con tu inteligencia y perspicacia-comenté, y supe que estaba pisando terreno pedrogoso al hablar de su pasado, y tratar de compararlo con el mío, ya que no podía ser más distintos-Sé la opinión que tienes de la guerra, solía ser la misma que tenía yo, hasta que me enlisté en el ejército, y al tomar mis responsabilidades, vi todo con nuevos ojos. No puedo decir que cambió al cien por ciento, pero la guerra es necesaria. Esa es mi opinión de tonto niño con una espada en la mano-finalicé cambiando el gesto de mis labios por una media sonrisa, elevando tan sólo la comisura izquierda.

Mis ojos flotaron hacia ella cuando se soltó el pelo, y tuve que girar la cabeza y morderme el labio para no pensar o recordar cosas impropios de un hombre cuya soltería estaba dejada en el pasado. Una de las cosas que más me gustaban de ella, era su largo y ondeado pelo. Cuando la conocí lo llevaba corto hasta por los hombros, pero se lo fue dejando crecer, sólo para mantenerlo en ajustados moños que le daban severidad a su expresión y que yo noche a noche, me encargaba de deshacer amorosamente, para ver su melena desparramaba en las almohadas, en un perfecto contraste del castaño oscuro con el blanco del lino de las sábanas.

Justo cuando pensaba que tenía casi todo en un esquema perfecto, vengo a parar al despacho de Eydis, y todo se me va de las manos. ¿Perseverante? ¿En qué? En nada, en escapar una y otra vez de los planes que tenía diseñados para mí, pero claramente, las Parcas siempre tenían algo distinto pensado para mi hilo de vida.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Miér Sep 12, 2012 3:34 pm

La personalidad de la gente, cuestión intrigante e interesante que a Eydis siempre le habia parecido digno de estudio. La conducta que presentaban todos en ciertas circunstancias hablaba mucho de la persona misma, cuestión que siempre serviría en un momento de necesidad o de simple querer. Por eso siempre los observaba, con cuidado y tomándose su tiempo, para descubrir los puntos fuertes y débiles, aquello que estuviera oculto al ojo humano.
Que Corban defendiese a un muchacho, a un estudiante, de quella manera, le decía a Eydis que tenía un alma noble a pesar de la conducta falsamente fuerte y estricta. Meter las manos en un duelo donde la vida de alguien dependiera y mover la balanza hacia un lado, más que hacia el otro, clamaba a los cuatro vientos el tipo de persona que él era.
"Observar, luego juzgar".

El momento de intimidad que pululaba en el ambiente, le llenaba el espíritu como si se tratara del incienso de olor más delicado y delicioso. Estar así, hablando del pasado, momento recurrido gracias a un simple ojbjeto, un anillo, cuyo significado era tan profundo como el agua de los lagos y los mares, la había hecho sentir débil. Vulnerable ante un hombre de cabellos rubios que en antaño le hiciera flaquear los sentidos. Ahora también la hacía sentir diferente pero no podía permitirse revelar aquello. Ahora él estaba con otra mujer y ella misma no tenía lugar entre ellos. Eydis formaba parte de su historia, no más.
La salemita frunció el entrecejo, pensante, sin dejar de mirar las gemas que adornaban aquél aro de metal.
"Tanto tiempo ha pasado.... hay tanto que borrar"

Dudó un momento y luego sus labios ase abrieron para hablar.
- En efecto, sé que este anillo fue hecho a mi medida, cada que me lo pongo o me lo quito para lavar mis manos o darme una ducha, se desliza de forma que embona perfectamente... una pieza hecha para un solo dedo. Es curioso, bueno... es impresionante qu ninguno de mis otros dedos puede portarlo, así que te doy la razón, tal vez a los dedos finos de Nova no pueda quedarle pero... - calló un momento y luego puso sus ojos azules en los del rubio - ¿Qué caso tendría seguir llevándolo puesto cuando es otra la mujer que se ha robado la razón de su ser? - comentó al aire, casi como diciéndoselo a sí misma, ignorando en su conciencia que Conan estaba presente. Las súplicas le llegaron a los oídos y Eydis se vio obligada a fingir una sonrisa - Lo voy a conservar - estrechó la pieza artesanal en sus manos y luego la soltó en el escritorio. Ya después la pondría en una caja, no le serviría de nada seguir con la memoria fresca en eso.

Necesitaba descansar, eso era seguro. Desligarse de todo pensamiento, pendiente y de toda persona, incluso de Conan. Su recuerdo y todas las cosas pasadas con él, seguían tan frescas en el campo de su cabeza que cada que las evocaba con el anillo o cualquier cosa que le recordase, podía sentir el rocío de las memorias caer sobre las hebras del cesped que era su cerebro. Eso siempre la detenía para comenzar algo nuevo, lo que se vio truncado. Nova era la nueva Eydis de Conan y eso tenía que comprenderlo. Posiblemente pensar en otras cosas le habría servido para venilarse un poco y olvidar momentaneamente, pero él siempre volvía. Siempre.
Tener la guerra muy cercana también servía de distractor y agradecía que el tema se hubiera zanjado de forma tan magistral.

- Bueno, Conan, no soy más que una aspirante a profesora de aquí. Ayudo a los adeptos, eso es claro, pero aun no he llegado a madurar del todo. Es gratificante ser de utilidad, de otra forma, estaría enlistada en el ejército, como tú, cuestión que no me gustaría adoptar. Tomar partido es casarse con una idea, con un grupo de personas y jurar lealtad. Yo no estoy tan segura de que estar en la milicia sea estar del lado correcto, toda decisión es subjetiva y tiene sus razones de ser. Yo no me veo con la cara de decirle a Tammuz que eligió mal, Conan. Todos vemos por nuestros intereses, él veló por los suyos, tu velas por los tuyos y yo por los míos. No puedes decir que eso es erróneo.- finalizó dándole la vuelta al escritorio, alejándose de la presencia de su compañero.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Miér Sep 12, 2012 10:49 pm

Perderme en los ojos de Eydis era algo a lo cual ya no estaba acostumbrado. Mis sentimientos por ella ya no eran los mismos, pero conservaba como tesoros los recuerdos de la vida que tuvimos juntos. Ella había sido mi primer mujer, mi primer amor, y ésas cosas no se olvidan fácilmente. Si me concentraba, podía recordar cada veta broncínea en sus verdes ojos, que sólo eran visibles cuando ella miraba a la luz. Suspiré, deshaciendóme de ésas memorias, porque sabían que no iban a llevarme a ningún lado. No era su hombre, y no volvería a serlo. Y yo tenía otra a quién rendirle cuentas.

Ladeé mi cabeza, y sonreí con tristeza.

-Eydis, eres Cautelosa hasta con tu manera de expresarte. Hablas con palabras frías, como si relatases la historia de dos desconocidos a tus alumnos, pero éstas hablando de nosotros...-estaba dispuesto a seguir hablando, cuando escuché su casi distraído comentario, y abrí la boca, sorprendido. ¿Ella me seguía amando después de todo esto? Un repentino mareo me afectó, pero no dejé que Eydis lo notase. Los cimientos de todo lo que creía y sentía hasta ése momento amenazaron con caer estrepitosamente. No era posible que ella realmente me siguiera amando, simplemente no era natural. ¿Tan bondadoso era el corazón de las mujeres que conocí que seguían teniendo lugar para mí? Divisé un paralelismo entre Nova y ella. Ambas tan distintas y tan similares en algo, algo que ahora veía. Su amor por mí. A ambas las había herido sobremanera, y aún así, ellas querían mantenerme a su lado. Amaba a Nova, si, de eso estaba seguro, pero ahora no podía llegar a comprender cómo comportarme con Eydis luego de esta declaración. Mis manos se crisparon, y bajé la mirada, focalizándome en mis botas de combate, de repente mucho más interesantes que la curvatura de su clavícula.

El tintineo del anillo al caer contra la superficie de la madera inundó mis oídos, y relajó un poco la tensión que sentía dentro mío. Suspirando, observé al aro de plata moverse erráticamente hasta que se posó quieto sobre la planicie. La vibración recorría mis oídos y distraía mis otros sentidos de la presencia de la morena. Me seguía amando. Era la razón de su ser. Esas ideas revoloteaban en mi cabeza como aves de carroña, graznando y estando atentas al primer fallo, para devorar carne pútrida. Me pareció relajante que ella cambiase de tema, volviendo al asunto de la política, y observé sus formas mientras daba un rodeo para ponerse detrás del escritorio.

Me acerqué, y posé ambas manos con las palmas abiertas, mirándola fijamente.

-Tomar partido no es casarse con una idea, pues las ideas no te reclaman completo. No puedo hacerte cambiar de opinión, ni quiero hacerlo, pero dudo mucho que la neutralidad te lleve a algún sitio. Tiempos oscuros se avecinan-mi mirada se profundizó-Ya no somos niños Eydis, y si bien te protegeré, porque sabés mejor que nadie que lo haré, necesito que entiendas la gravedad del asunto. Poco me importa Tammuz comparado a tu seguridad, o a la de los que quiero-comenté casi con fervor, decidido a dejar de mirarle, focalizando mi mirada en el anillo, que reposaba como desafiante. Tanta belleza en un arma insospechada. El arma que ahora amenazaba cortarme en mil pedazos, y sin tener filo alguno.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Miér Sep 12, 2012 11:23 pm

"- ¿Cuánto tiempo vas a durar así, Eydis? ¿Piensas seguir sufriendo y doliéndote a ti misma por culpa de él? Es estúpido que ames a un hombre que prefirió a otra mujer, que te dejó con un anillo ¡una promesa!.
- Rendirle cuentas al corazón es la forma más absurda de tratar de mitigar las penas, Ariadna. No puedo callar lo que mi alma se empeña en poetizar, los sentimientos que pugnan por cegar la cabeza. Nunca dejaré de amarle, no puedo obligarme a borrarle.
- Si puedes, si yo lo hice con Tyrridwen, tu puedes con Conan
- ¿Recuerdas aquella frase que te dije días atrás cuando estábamos contandonos las historias de antaño?
- "El amor es como el vaivén de las olas, viene y se va, y aunque parece desaparecer tragándose la arena con su espuma, siempre vuelve" Todo este tiempo me pregunté de dónde habrías sacado eso
- Es mío, Ariadna, yo lo escribí cuando supe que se iría."


El rostro de su amiga colapsó en su cerebro junto con los labios que dejaban escapar sus palabras. La voz melodiosa de su compañera y único consuelo, le recordaron que por mucho que quisiera, él seguiría ahí y no como un pedazo de plata con gemas, sino con su rostro, con sus manos, con la remembranza de su tacto y de sus caricias, de su aterciopelada voz cuando le contraba las historias de las estrellas. Ahí seguiría, atormentándole el amla hasta que se le destrozara cuando no hubiera solución.
Tenía que ser fría, era la única manera por la cual se convencía a sí misma de que todo había carecido de importancia, de amor.

Cerró los ojos y apretó la mandíbula, conteniendo las ganas de echarle en cara el torrente de lágrimas que había empapado sus almohadas, el calor ausente de las sábanas, el lugar vacío a su lado que nadie jamás pudo llenar. Tragó saliva para deshacer en nudo que se le formaba en la garganta y que comenzaba a asfixiarla.

- Tengo que ser fría, Conan. Fría con todos, fría conmigo, hermética al grado de no dejar pasar a nadie, para que nada ni nadie pueda volver... - "a lastimarme" terminó en su cabeza pero no tuvo el valor de decirlo. - prefiero contar nuestra historia como una leyenda que se quedará así, como un acontecimiento hermoso que no tiene más cabida que en la fantasía - pronunció para luego callar. No le serviría de nada seguir hablando, al final del día sólo una mujer lo estrecharía con ansia enferma entre sus brazos, y esa nunca sería ella.

De cualquier manera, para tratar de cancelar esa enfermedad de amor que la calcinaba las venas y envenenaba su alma, debía pensar en tomar partido en la guerra. Ya le había demostrado mucho tiempo a Conan que si el regresaba dispuesto a seguir con ella, ahí estaría, como la mujer fiel que necesitaba y que merecía, atenta a sus heridas, calmando sus cuitas. Pero todo ese tiempo la había desdeñado, había olvidado los momentos bajo las estrellas, bajo el tacto de las pieles húmedas y calientes. Él ya no era parte de ella ¿por qué Eydis debería de seguir siendo de él?

Nova le había arrebatado la única persona constante en su vida, le arrancó el corazón y lo colocó en el pico nevado de una enorme montaña, donde jamás volvería a sentir nada. La venganza es un platillo que se sirve caliente y se sufre como lava. Eso era lo que quería ella.

- No necesito que veas por mi seguridad - sentenció lúgubremente, con una voz cargada de amargura Creo que he elegido desde hace tiempo el lado hacia el cual se inclina la balanza, estar aquí, tanto tiempo, encerrada entre paredes, respirando un aire falso, me ha servido para pensar.- levantó el cuello y se irguió con orgullo - Estoy contigo y con la causa que defiendes, pero no pienso sacrificar mi vida por la de nadie más que la mía..-
Dentro de ella, algo se había despertado, el deseo por probar que con ella no se jugaba ardió en sus entrañas.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Miér Sep 12, 2012 11:59 pm

Me alejé del escritorio, y comencé a vagar en círculos sobre su alfombra de intrincados carácteres. Parecía una bestia enjaulada, ya que no sabía qué hacer. Todo en esta habitación hablaba de ella ¿era necesario que la personalizase tanto? ¿Por qué no se contentó con un par de lámparas, un escritorio, dos sillas y un librero común y corriente? No, claro que no, todo lo que veía o tocaba tenía que tener su firma, una historia de vida para la salemita, y algún que otro recuerdo perdido de nosotros. Porque luego de su declaración, estaba seguro que se rodeaba de ésas cosas para tenerme presente. ¿Pero por qué? Habia miles de hombres en Grezalia, mucho más apuestos que yo, más poderosos, e incluso más inteligentes. ¿No podía simplemente salir a buscar uno? Era hermosa, cautivamente, y su cerebro bullía de conocimientos, cualquier hombre caería rendido a sus pies en un tris. Como lo había hecho yo cuando éramos unos críos. Era imposible resistirse a ella. Si hubiese sido otro hombre, ya la tendría desnuda, y estaría bombeando con fuerza en su interior, enrojeciendo su piel de porcelana. Si hubiese sido otro, por unos segundos me olvidaría de la Tormenta, y me hundiría en la abrasadora pasión de un volcán.

Pero yo era Conan, y jamás podría lastimar a Nova. No podía hacer nada respecto de la revelación de la Cautelosa, nada excepto mirarla desde lejos, consumirse como una flor. Marchitarse por mi culpa. Alcé la cabeza con brusquedad, y fui hasta ella, tomándola de las manos, y llevándolas a mi pecho. Busqué sus ojos, y negué con la cabeza.

-Eres fría porque yo te arruiné, te hice tanto daño en pos de un sentimiento egoísta que me olvidé de tí, y de tu amor por mí. Soy el culpable de todos tus males, ¿verdad?-inquirí, elevando la voz, dejandome llevar-¡Mírame Eydis! ¡Si pudiera volver el tiempo atrás lo haría! Ya no hay perdones suficiente en este cielo ni en esta tierra para conjurar lejos lo que te hice-besé sus nudillos, y el aroma de la loción de ajenjo que usaba para hidratarse ésa suave piel llenó mi mente. Estabámos demasiado cerca, era peligroso. Solté sus manos, y me senté, arrojando sin galantería mi enorme y fornido cuerpo sobre la delicada silla que hacía juego con el escritorio. Sus patas se quejaron, pero me mantuve allí.

-No necesito que me des permiso, puedo hacerlo y lo haré. Te guste o no, estaré allí para tí. Poco me importa lo que pienses acerca de eso, si se me da la regalada gana de protegerte, lo haré Eydis-comenté, imitando la frialdad de su tono-Nadie pide sacrificios, sólo los dioses, y ellos de vez en cuando. Pero me pone contento que estés junto a mí...-las palabras "como en los viejos tiempos" estuvieron a punto de escapar de mis labios, pero me contuve, sabiendo la cantidad de aristas que podrían llegar a tener si eran verbalizadas.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Jue Sep 13, 2012 12:41 am

Es la tosquedad de la vida lo que la hizo helada. Había nacido para ser olvidada, abandonada a su suerte. Su madre la abandonó cuando niña, de la mano de la muerte; su padre, corrió veredas al hondo, huyendo de una responsabilidad que no deseaba. Y Conan, el más doloroso de todos, había visto en los ojos de otra mujer la compañera que ella no podría ser. Ya no podían quitarle nada, le habían arrebatado todo. La Muerte, El Miedo... y Nova.
El destino la ligaba con la Soledad, el crudo vacío donde nadie podía estar y cuya única compañera sería la nada. Se veía impotente, desolada por su propia mano, condenada a vivir sin el amor que deseaba poseer.

Tantos roces, tantas caricias, tantas palabras dichas en la intimidad, para que la vida le arrebatara, celosa de su felicidad, todo aquello que la hacía felíz. Esa habitación que llamaba "alcoba" o "aposentos" no era más que el reflejo de ella misma, una estancia que gritaba su nombre, que olía a fresias, ajenjo, regalíz y moras; donde cada recoveco le recordaba que siempre seria así, ella y nada más. No habrían resquicios de un amante, porque éste siempre la abandonaría; no reliquias familiares, puesto que nunca le fueron dadas; jamás, el aroma de un sudor masculino, ni el efluvio de un recién nacido de cabellos dorados y ojos azules.
Sus sueños, drenados de su deseo por magia y obra de la vida o de los Dioses, se habían quedado en el pasado.

Se sentía como una hoja de maple, tostada, llena de naranjas, empujada de los incendescentes y cálidos rayos del sol, por una ventisca foránea, completamente extrangera. El viento siempre rozaría los rayos del sol, pero el Sol mismo estaba compuesto de fuego. Conan, lo quisiera o no, tenía dentro de si el recuerdo de ella misma. No podía negarlo. El arrebato inmediato del rubio, la tomó por sorpresa. Sintio las muñecas apresadas y los dedos pujantes sobre la tela de su camisa. Cerró el puño, manteniendo en su interior un poco de esa prenda, encerrándola. Por primera vez estaba asustada, porque no sabía si podría contener sus impulsos por sentirlo aún más cerca, como en el prado bajo la Luna. Se negó a mirarlo, rechazó con la cabeza su presencia, ladeándola para que él no la mirara llorar. Ya había desgastado muchas lágrimas por su causa.
- Súeltame...- susurraba sin ganas, pues la verdad era que no deseaba soltarlo, entonces la flama de la que estaba compuesta su cuerpo, explotó - ¡Si pudieras! ¡Pero ahora es imposible! No puedes tomar las arenas del tiempo y derramarlas por el viento para que las borre y volver a comenzar, tú no me lastimaste, Conan, lo hice yo misma, al rendirme ante la mujer que ahora calla tus labios a besos, yo misma clavé la flecha en mi corazón para entregárselo a ella.- vociferó con la ferocidad de un incendio.
Se había guardado demasiado y hoy era el día en que las cosas saldrían.

La dejó ahí, parada en medio, con el corazón palpitándole en el pecho como mil alas de dragones que batían al vuelo; las manos de la salemita se aferraron a lo primero que tuvo cerca, o se desvanecería por el impacto de tenerlo tan cerca. Tan cerca sin poder tomarlo. Él ya la había hecho hablar, estaba perdida por él y ya no quedaban dudas. Ahora le tocaba a él decir si eso era correspondido o si de verdad Nova la había borrado.
Caminó a largos pasos, con el aliento a cerezas desbocándosele, y lo acorraló en la silla. Si queria huír, tendría que pasar por ella primero.

- Esta es la última oportunidad que tienes para demostrarme que no todo se ha acabado y que aún queda una solución - se desató la levita color negro que dejaba a la vista sus hombros desnudos y blancos, debajo, el cuerpo se ceñía como el de una diosa al vestido de dormir, una tersa y suave tela que acentuaba aún más su figura - Si levantas las manos y te deshaces de esto, sabré que no me has quitado de tu memoria, si no lo haces...- reprimió un gesto de dolor - deberás abandonar esta habitación, porque entonces entenderé que tu presencia debe de ser borrada de la memoria inmediata de mi piel, lo cual me tomará tiempo y esfuerzo, pero si así lo quieres... no tendré más que hacerlo, aceptaré la derrota ante la mujer del viento, y sabré que esa ráfaga ha apagado el fuego que algúna vez descansó sobre tu cuerpo.- finalizó parada frente a él.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Conan el Perseverante el Vie Sep 14, 2012 1:03 am

Estaba agitado, algo curioso para un hombre como yo que podía correr desde Iluminia hasta Galia sin problemas, y manteniendo un ritmo constante. Aunque cuando las emociones propulsan al motor del cuerpo, la realidad es otra. El comportamiento de Eydis ante mi acción con ella, me mareaba. Su cabeza ladeada, hacía que descuidados rizos del color de la caoba tostada cayeran sobre su cuello. Distraído, solté una de sus delicadas muñecas, y lo acomodé de tal manera que quedase detrás de su oreja. Al hacerlo, noté que su rostro estaba compuesto en una mueca de dolor, casi como la antesala al llanto, y me sentí la peor basura del Inframundo, menos que un espirítu aullador de Ruinas Draco.

-No llores Chispa-susurré, cambiando la posición de mi cuerpo, y usando el apodo cariñoso que había usado centurias atrás, cuando habíamos empezado a conocernos.

"-Mi nombre es Conan, soy el hermano de Tammuz-mi adolescente voz, tan distinta al tono grave y varonil que ahora escapaba de mis labios, me había presentado. Había visto a una pequeña chica, de cabellos del color de la caoba bruñida, jugando cerca de unas flores de color del ámbar, y me acerqué a ella. En menos de un momento, ella había hecho unas chispas en el aire, y las flores habían ardido con premura, siendo devoradas por las flamas. Utilizando mi don, creé una esfera de éter alrededor del improvisado incendio, privando así a las llamas sin su oxígeno, obligándolas a extinguirse en un tris. Sentándome junto a la chiquilla, cuyos ojos verdes ardían de temor al ver el alcance de su poder, le sonreí, y me presenté de ésa manera -¿Y tú nombre Chispa?-pregunté sonriendo de lado, utilizando por primera vez un apodo que compartiríamos en la intimidad, en bromas de pareja, e incluso con otras personas"

Verla explotar como un volcán en erupción era algo a lo que no estaba acostumbrado. La siempre tranquila, y pensativa salemita que había conocido tan bien, ahora se abría como una flor en llamas frente a mí, un tulipán cuyos pétalos eran plumas de fénix, y temí quemarme en su candor. Sus palabras eran ardientes dagas que perforaban mis sentidos. El dolor pulsaba en cada sílaba como un constante repiqueteo de una lluvia de lava. Tomando su rostro entre mis manos, observé sus enrojecidas mejillas, que ardían afiebradas seguramente por haber expresado todo eso. La había desmadejado vilmente, y ella sufría. Mis manazas cubrían a la perfección sus pómulos, y me percaté que era un contacto casi íntimo el que estábamos teniendo, por lo que agradecí cuando ella se alejó.

Removiéndome en mi asiento, observé su tenso cuerpo exhalando e inspirando, un ejercicio que parecía consumir a la salemita. Traté de calmar mis pensamientos, y cerré los ojos, frotando el puente mi nariz con mi dedo índice y pulgar, mientras que la otra apretaba firmemente el apoyabrazo de la silla en al que estaba. Un movimiento, un montón de palabras susurradas, el sonido del satén deslizándose, y un aroma a suaves moras disparándose directo a mi cerebro, y abrí los ojos, para verla allí. Perfecta, sin su levita, y me llené de la imagen de la suave curvatura de sus redondeados pechos, la perfecta sinuosidad de su clavícula, y la tersa piel cremosa que cubría su cuerpo. El vestido que llevaba debajo era ridiculamente pequeño, y me hallé poniéndome de pie, sujetándola por el antebrazo con suavidad, acariciandola con mi pulgar.

-Siempre has estado y estarás en mi memoria Eydis
-comenté, acariciando su nuca, acercando mi cuerpo al suyo, llevado por un magnetismo indescifrable, una voracidad que me era desconocida. Me perdí en sus ojos, pero algo en mí me detuvo de acercarme un paso más. Nova. Mi vida estaba ligada a la de ella ahora, y no podía mancillar su confianza déjandome llevar por este torrente de emociones carnales que Eydis me provocaba-Cada persona es única, y como tal, provoca diferentes emociones en sus pares, dejando impresiones que jamás se olvidarán. Y así como dos tigres no son iguales en sus manchas, lo que un corazón siente por otro, jamás se repite, ni esta vida ni en otra-besé su frente, demorándome más de lo necesario, convenciéndome de mis palabras, y tomé su levita entre mis manos-Realmente te quiero Eydis, y te amé, pero soy otro hombre, y tú eres otra mujer, en otro tiempo, y una situación distinta. Quizá si yo fuera más valiente, o menos fiel, te haria el amor aquí mismo. Y te conozco lo suficiente como para saber que jamás querrías que lastimase a Nova, no importa cuanto la odies-finalicé, y pasé las manos por sus brazos desnudos, parsimoniosamente, recordando la sensación enterrada años atrás. No.

No.

Coloqué la levita sobre sus hombros, y até el cinturón ajustándolo a su cintura, posando las manos en sus amplias caderas. Sonreí, y la abracé con fuerza.

-No soy el hombre que tú quieres que sea, no puedo serlo mi querida Eydis, y lo lamento tanto, tanto que no te das una idea-murmuré contra su sien, y apretándola un poco más, me alejé de ella, no sin antes conjurar una forma oval de éter, y volverla sólida. No podría darle mi amor, pero al menos tendría eso-He colocado dentro éter purificado, curará cualquier herida, incluso las mortales-bajando la cabeza, puse el obsequio en su mano-Para compensar las heridas que te causé, ésas que ningún éter puede sanar-puntualicé, y suspirando, la miré a los ojos.
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Re: It's the quiet before the roar | Eydis de Salem

Mensaje por Eydis la Cautelosa el Vie Sep 14, 2012 1:40 am

El susurro de su voz era como el tranquilo sonido que provocaban las hojas de los árboles al ser besadas por el viento; calmada, cálida, sólida y de alguna manera, distante. Lo había perdido muchos años atrás, eso le quedaba demasiado claro. Su cercanía estaba muy léjos de considerarse íntima. Una vez había sido suyo, en cuerpo, alma, en esencia, pero ahora entendía que incluso ese mínimo pensamiento de propiedad estaba errado. Nunca había sido de ella, jamás. Ni hoy, ni mañana, su alma estaba cantando la elejía de su vida misma en ese momento, componiendo para su alma la canción que significaba la muerte de su corazón.
Guardar esperanzas no le sirvió de nada. Esperar, mantenerse expectante y segura de que sus deseos se verían realizados. Tantos murmullos orados a la noche, rogando su retorno, secándose las lágrimas con el dorso de la mano, menteniéndose como una roca, fuerte, entera, fría.

El apodo retumbó en sus oídos como la tortura auditiva más grande jamás concebida. ¿Cómo tenía el descaro de llamarla así? La estaba hiriendo de una forma que sólo él podía. Los lagos azules se abrieron de pronto, dejando atrás el rictus de dolor, para adoptar la sorpresa de escuchar aquello que era tan personal. Nunca nadie le llamaba así, era un secreto entre ella y él, cuestión que hizo que le ardiera el pecho sólo de pensarlo.
"¿Cómo la llamarás a ella? ¿Se habrá robado tu corazón y nuestra intimidad? ¿Se habrá robado lo que construímos?"

La luz de la vela que se erguía en el escritorio, crepitó en los ojos de la salemita, cuyas emociones casi la hacen desvanecerse. la flama de la vela poco a poco se extinguió, como el alma que en ese momento se le escapaba por el aliento a Eydis.
ya no podía seguir sufriendo tanto. Le dolía el pecho, la cabeza, el cuerpo.La respiración se le desbocó por el coraje contenido.
- Nunca... me vuelvas... a llamar... así - soltó con el débil suspiro del espíritu que escapaba de su cuerpo.
Su tacto era el peor de los venenos... el peor.

Se sentía vacía, hueca. Tanto tiempo esperando, soñando para que al final no todo surgiera como ella esperaba.
Y de cualquier forma, ahí se mantenía su cuerpo, esbelto y majestuoso, casi desnudo frente a él para ser tomado.
Por un momento, la esperanza volvió a tocarle el cuerpo cuando un tierno dedo susurró sobre su piel acompañado de palabras que podían darle una oportunidad a su pobre amor. Pero todo se tornó gris, oscuro. La levita era colocada en su cuerpo. A pesar de que la tela le cubría los brazos y las piernas, así como el pecho, Eydis se sentía fría, muerta.
Algo dentro de ella se quebró con la delicadeza que la voz más aguda quiebra un cristal.
No tuvo que pensarlo. Desde ese momento, ni la luz ni el viento podrían escapar a las brasas incandescentes de un fuego furioso.
"El aire se consumirá en las llamas, la luz formará parte del fuego mismo..."

Su rostro se quedó inmóvil, pero dentro, las sensaciones y las emociones comenzaban a atizar. Sus ojos, temerosos, vulnerables y completamente humedecidos por las lágrimas de la derrota, miraron el orbe que se formaba. La salemita se quedó mirando un momento esa esfera de curación simbólica, pasó sus heridos ojos a los del rubio, luego los cerró con fuerza. Una de sus manos se estiró hasta quedar a la misma altura que la de la vela cuyas flamas no tardaron en responder al llamado de la mujer. Una larga lengua naranja y caliente se escurrió por el aire, como si se tratara de un pedazo de seda. Eydis, con su mano temblorosa, guió el fuego hasta el orbe. Su mano se crispó. Las flamas se extendieron. Su mano se cerró en torno al aire. Las flamas envolvieron la esfera. Con un gemido doloroso, Eydis apretó su mano y las flamas imitaron el movimiento. La esfera había desaparecido, víctima de la furia del fuego.
Eydis se irguió.

- Las heridas del alma no pueden ser curadas con remedios baratos...- susurró sin mirarlo, apretó los ojos con suavidad, una sola lágrima resbaló - Las heridas del alma se quedan, no cicatrizan, no se cauterizan... duelen toda la vida, permanecen como constatando que la debilidad de los sentimientos vulnerabilizan el cuerpo, lo enferman hasta que lo consumen como la corrupción... - se calló y clavó su mirada en Conan - Que la vida te sonría hoy y siempre, disfruta el futuro que te espera con la mujer del viento y no repares en volver, sabes dónde está la salida.- sus dedos, lánguidos, señalaron la puerta de caoba - Y una cosa más... después de esto, Conan de Iluminia, no deseo tu protección, es mejor que tu te cuides la espalda, porque con el poco amor que me ha quedado, te advierto que esto... no se quedará así.- tan pronto como temrinó la oración, a paso rapido, se diriguió a su escritorio y esperó que la presencia del iluminado se borrara.
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Eydis la Cautelosa


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